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miércoles, 15 de octubre de 2014

CAPITULO XVIII

                                                     
Otro capitulo del pasado que dice presente…


                                                                                     Aaron Foster
      

- ¿Qué demonios quieres, Foster? – le pregunta mi esposo al misterioso hombre que no deja de mirarme
- Por favor D’Lucca, ¿Qué maneras son esas de hablarle a un viejo amigo? –dice mientras niega con la cabeza, alarga su mano hacia mí – hola preciosa, soy Aaron Foster y estoy verdaderamente encantado de conocerte.

Ante este gesto Leo inmediatamente se levanta de su asiento, dejándome prácticamente detrás de el, impidiéndome así ningún contacto con este hombre.

- Ya veo, hoy nos levantamos posesivos, D’Lucca – afirma Aaron con una sonrisa petulante - ¿No te apetece compartir, como en los viejos tiempos?
¿Compartir? Que alguien me explique, porque siento que entré a una dimensión desconocida, sé demasiado bien que no tengo a un santo por esposo, y que ha tenido una vida sexual muy activa, pero por mas que lo intente, no puedo imaginarlo en un trío y muchos menos si hay otro hombre implicado, él no haría eso ¿O sí? A pesar de mi monólogo interno, decido dejar mi punto muy claro.

-Pues al menos yo no comparto cuando se refiere a mi esposo Sr. Foster – por su cara de asombro veo que lo he agarrado con la guardia baja, imito su gesto anterior y extiendo la mano hacia el – soy Tatiana D’Lucca, y en cuanto a conocerlo, no puedo decir que sea mi momento favorito del día.

- Te lo voy a preguntar una vez más Aaron, ¿Qué demonios quieres? – Alza la voz Leonardo tomándome por la cintura – ya saludaste, si sólo era eso puedes irte por donde llegaste. Estás interrumpiendo y ciertamente no eres bienvenido.
- Nunca pensé que vería el día que el gran Leonardo Arturo D’Lucca  fuera domesticado – se burla mientras se levanta de mi silla – ya nos veremos de nuevo, preciosa – dice guiñándome un ojo girándose para irse con una sonrisa perversa en su cara.

A Leo no le gusta el pequeño gesto juguetón de su amigo e intenta ir tras él, pero lo tomo del brazo para impedírselo. Lo que menos quiero es un espectáculo, además que amo la comida de este lugar, no estoy para peleas de gallitos. Yo tengo hambre.

- No vale la pena, amor. Mejor terminemos nuestra cena. Me he portado bien así que creo que merezco el premio que me prometieron – hago el intento por olvidar, al menos de momento, este mal rato. Ya luego me explicará eso de compartir, eso es seguro.
- Tienes razón, como siempre – dice Leo aun con una sonrisa demasiado fingida, la cual decido obviar, por ahora – pidamos la cuenta y vamos a bailar nena.

Salimos del restaurante directo a Fontainebleau Liv, un lugar excelente que fusiona el atractivo de un lounge súper exclusivo con un club nocturno de alta energía. Cuenta con más de 18,000 pies cuadrados de un espectacular diseño arquitectónico y lujosa decoración, donde los DJ exponen todos los estilos de música, desde rock a hip hop o house. Ofrece un trato ultra VIP pues cuentan con seis palcos privados, cada uno con servicios de bebidas europeas, minibar.  El diseño voyeurista del club nocturno permite ver todo el lugar desde casi todos los ángulos, mientras atrevidos espectáculos calientan la noche con los bailarines más sexy de los escenarios locales.     



Aunque el lugar esta muy de moda y hay una larga cola para ingresar al local, gracias a nuestros pases VIP entramos sin ningún retraso. Como es de esperar esta abarrotado de gente que quiere disfrutar la noche, y todo lo que ello implica. Ciertamente nuestro ánimo no es el más adecuado, en realidad creo que no es buena idea haber venido. No sé quien es ese Aaron Foster, pero ya lo detesto por el simple hecho de haber puesto a Leonardo en el estado sombrío que se encuentra. El recorrido desde Il Gabianno hasta acá, aunque muy corto, lo hicimos en el  mismo  sepulcral silencio que nos acompaña hasta uno de los palcos privados. Casi prefiero estar con el resto de las personas y el bullicio que tiene formado.



Después de sentarnos y que Leonardo pidiera algo para beber, me disculpo para ir al sanitario. Quizás necesita unos segundos solo para dejar ir lo que sea que lo esté molestando. Al cabo de unos veinte minutos, en los cuales no hice más que estar sentada en una de las bellas y exclusivas butacas que están en la entrada de los baños decido regresar. Descubro que mi marido no se encuentra en la estancia, pero si nuestras bebidas. Suspiro y tomo mi margarita intentando no hacer erupción en este instante. No pasan cinco minutos y Leo entra, pero acompañado, por dos hermosas mujeres muy bien arregladas, en realidad son casi media docena, y únicamente conozco a dos de ellas. Cynthia y su compañera del trabajo Cristina.

Resulta que mi querida amiga salió a una noche de chicas, sin invitarme, cuándo se lo reclamo, se excusa diciéndome que ahora soy una señora, aun no decido si tomar eso como un insulto, mas tarde lo pensaré. Leo pide bebidas apara todas. Se sienta a mi lado pasando su brazo por mis hombros, acercándome a el.

- Hola – dice en mi oído.
- Creí que me habías abandonado – respondo en su lugar
- Vi a Miller abajo, entre la multitud, pensé te gustaría saludarla.
- Siempre es bueno verla.
  
Continuamos en silencio, a pesar de que las chicas tienen su fiesta armada a solo unos pasos de donde estamos sentados, nuestros ánimos están por el piso todavía.

- Lo lamento -  expone dándome un beso en la sien
- ¿Por qué exactamente?
- Por lo que sea que te tiene molesta – yo sencillamente resoplo por lo que mi esposo me mira levantando una ceja.
- ¿Volvimos a la adolescencia? Si te disculpas al menos debes saber la razón, no lo hagas por contentarme, las cosas no funcionan así Leonardo.
 - Lamento ser un idiota –
- Eso está mejor, aunque no eres un idiota, sólo estas actuando como uno.
 - Siento haber arruinado la cita nena, prometo recompensarte con otra – se excusa mientras me sienta en su regazo.
- La noche aún no termina, por lo que tienes la oportunidad de mejorarla y volver a dónde estábamos cuando nos interrumpieron – expreso melosa, aunque lo que menos quiero es recordar al extraño amigo de mi esposo, quiero terminar de pasarla bien.
- Esa es la segunda mejor cosa que he escuchado esta noche – dice muy pegado a mis labios, rozándolos con su lengua.
- ¿Cuál. es. la. primera? –pregunto entre besos.
- Escucharte decir que no me compartes, pues tampoco lo hago, menos cuando se trata de ti. Tú eres solo mía, de nadie más.

No puedo decir una palabra después de eso, pues sus labios devoran los míos, poseyéndolos, dejando claro a quien le pertenecen. Nuestras manos recorren el cuerpo del otro, como si no pudiéramos tener suficiente. Me aprieta por la cintura, pegándome aun más a él, si es que eso es posible. Nos encontramos en nuestra burbuja personal, donde nos olvidamos de todo lo que nos rodea, hasta que una familiar voz nos hace regresar a la  realidad.

- ¡Por Dios, búsquense una habitación! – Nos grita Cynthia sentándose a nuestro lado – acaso no saben que es mala educación comer delante de los pobres. ¿Leo de verdad estas seguro no tienes un medio hermano por allí, en algún lugar? A estas alturas hasta con una media hermana me conformo. – expone dramáticamente.
- ¿Tiempo de sequía Miller? – acusa divertido mi esposo
- LEO – lo reprendo, pero estos dos solo se ríen.
- OH, no tienes una idea. Creo que he gastado la mitad de las reservas de baterías de la Florida con mi amigo…
- ¡Por Dios, Cynthia Carolina! – le riño, esta mujer definitivamente no tiene filtros al momento de hablar.
- Ya pareces mi madre, Tati. Para ser una mujer casada, sigues siendo demasiado mojigata, o es que este hombrecito de acá – dice mi amiga señalando a Leonardo que no para de reírse -  es puro cuerpo de infarto, voz sexy, pero a la hora de té, no sabe cómo usarlo, eso sería una verdadera lástima. – razona afligida

Mi grito ahogado y las carcajadas de Leonardo se confunden, como es de esperar Cynthia se una a mi esposo para burlarse de mí, así es siempre que estamos los tres juntos. Por más que hago lo posible por no unirme a ellos, fracaso estrepitosamente, y terminamos casi llorando de la risa.

- Miller, puedo asegurarte sin temor a equivocarme, que he aprendido algún que otro truco por el camino. Y nunca he tenido quejas de mi esposa- explica aún entre risas.
- Eso es verdad, aunque no quiero ni pensar de dónde o con quién obtuvo la experiencia, debo decir que soy más que feliz de ser yo quien la disfrute – si no puedes contra el enemigo, úneteles. ¿Verdad?
 - ¡Así se habla pequeña! – Me premia mi amiga – y por favor no me vuelvas a llamar Carolina, aunque amo a mi madre, no me gusta mucho llamarme como ella, al menos es el segundo nombre.
- Me gusta Carolina…creo que ahora te llamare así en vez de Miller, es mas personal. – se burla Leonardo levantando sus cejas juguetón.
- Ni se te ocurra, D’Lucca – amenaza – por cierto, mis padres llegan el lunes y me preguntaron si podían reunirse un día con nosotros para almorzar o cenar, lo que mas les convenga.
- Seguro, ya cuadraremos algo – respondo inmediatamente, miro a Leo quien afirma con la cabeza dándole respaldo a mis palabras.


                                                                                   Carolina y Robert Miller

Carolina y Robert Miller son dos personas maravillosas. Tan cariñosos y espontáneos como lo es su alocada hija. No han perdido las ganas de vivir ni su alegría a pesar de la más dura prueba que les ha puesto la vida.  Robbie el hermano mayor de Cynthia, murió en Afganistán, o al menos esa es la historia oficial, es un tema que en realidad nunca estuvo muy claro, en lo que a mí respecta.

Robert Jr. se enlistó con apenas diecisiete años después de rogarle y suplicarle a sus padres lo autorizaran a ingresar al ejército de los Estados Unidos, por mas que intentaron persuadirlo para que al menos esperara un poco para que cumpliera su mayoría de edad, no hubo fuerza en el mundo que lograra hacerlo cambiar de opinión. De hecho cualquiera que lo conoció puede afirmar, que definitivamente nació para eso.  Entró a las Fuerzas de Operaciones Especiales, más específicamente en la Unidad de Misiones Especiales formando parte del 1° Destacamento-Delta Operacional de Fuerzas Armadas (SFOD-D) o “Fuerza Delta” como normalmente es conocido, fue tan bueno en lo suyo que a la edad de veintiocho años contaba con el rango de Mayor, categoría que normalmente conseguirías con al menos unos catorce años en el ejército, a él solo le bastaron once. A su favor tenia el manejo de tres idiomas además del inglés, hablaba, escribía y entendía muy bien el español, alemán y francés. Siempre tuvo muy buena resistencia física, su inteligencia y capacidad para  analizar cada situación jugaron un papel primordial en su meteórico ascenso.

Recién había sido promovido cuándo tuvo que participar en la “Operación Libertad Duradera” en el territorio afgano. El 7 de Octubre del año 2001 se registraron los primeros ataques aéreos en la capital Kabul (Afganistán) varias unidades de la CIA, Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército y otras unidades del Mando de Operaciones Especiales unieron fuerzas para entrar en Afganistán e iniciar las operaciones de combate. El objetivo de la invasión era encontrar a Osama bin Laden y otros dirigentes de AL Qaeda, y derrocar el Emirato Islámico de Afganistán. Todo esto en respuesta a los atentados sobre el suelo norteamericano del 11 de Septiembre de ese mismo año, donde murieron al menos 2992 personas y unas 24 desaparecidas.(1)

Fueron años difíciles para toda la familia, pues aunque entendían el patriotismo de su hijo, del cual, aún y con todo lo que ha sucedido, están súper orgullosos, como padres siempre los cimbraba el temor de perderlo a causa de la guerra que allá de estaba desarrollando. Todo estaba bien hasta agosto del 2006 cuando unos oficiales se presentaron en la puerta de la familia Miller con la triste noticia de la muerte y desaparición de Robert Jr. Miller. Todavía todos lloramos su pérdida.

-Ey —chasquea mi amiga los dedos frente a mi rostro—, creo que te quedaste dormida con los ojos abiertos – reclama Cynthia trayéndome al presente.
- No, sólo estaba pensando, y recordando – mi amiga me da un beso en la mejilla y se dirige hacia el animado grupo de chicas con llegó.

Después de bailar un buen rato y unos tragos más, decidimos dar por terminada nuestra cita. Leo les ofrece el palco VIP pues las chicas aseguran que la noche es joven, aunque prácticamente está por amanecer, y el club no tardará en cerrar, así que por lo visto deberán continuar su fiesta en otro lado. 

La tensión que se había instalado en el ambiente desde la inesperada visita en el restaurante ha desaparecido por completo, ahora solo estamos deseosos de llegar a nuestro hogar y de esa manera continuar con nuestra pequeña fiesta privada.

Me giro extrañada cuando me doy cuenta que no vamos en dirección hacia nuestro apartamento, sino que mas bien nos dirigimos a la playa. Al llegar Leonardo estaciona el auto, se acerca a mi puerta y me invita a que lo acompañe, lo que gustosamente hago sin siquiera preguntar. Decido quitarme los tacones, y caminar descalza por la arena, mi esposo imita mi gesto, se quita sus zapatos y los calcetines. Caminamos tomados de la mano, por una hermosa playa desierta, el horizonte se colma de los vivaces colores naranjas que nos muestran un hermoso amanecer. Leo se coloca a mi espalda, rodeándome con sus brazos.




- Esta es la paz que siento cuado estoy a tu lado, Tati – susurra en mi oído – quiero que nunca dudes del amor que siento por ti, pues va mas allá de aquel sol que esta ascendiendo en el horizonte.
- Te amo de igual forma y medida, jamás podría dudar se este sentimiento que hay entre nosotros. Me haces inmensamente feliz, aunque de ratos me provoque lanzarte un zapato, o lo que sea que tenga a mano, quiero que tampoco pongas en duda que eres y siempre serás el amor de mi vida.  
Y sin lugar a dudas esa afirmación es cierta, sale desde lo más profundo de mi corazón.
~~~
El domingo pasamos la mayor parte del día durmiendo y descansando. El nonno Angelo nos visita con la excusa de alimentarnos, nos ha traído prácticamente el menú completo de nuestro restaurante chino favorito, aunque a él no le agrada mucho ese tipo de comida, hace lo que sea por complacernos. Después de rogarle de mil y un maneras posibles que nos acompañe a comer, acepta con al condición de irse apenas terminemos, quiere darnos nuestro “espacio”. Abuelito alcahueta, por eso lo amo tanto.

Recibo una llamada desde mi adorada Venezuela, mi abuela me cuenta prácticamente lo ha hecho desde la última vez que hablamos, lo cual gracias al cielo fue hace cinco días, sino de seguro estaría al teléfono mínimo hasta el martes de la semana siguiente.  Me da una noticia tan maravillosa que olvido por un momento, que nuestra vecina de toda la vida,  tuvo que sacrificar casi todas las gallinas de su patio pues estaban enfermas con no sé cual enfermedad, y que ahora hay plumas por doquier, esos son los detalles que no me importaría pederme en las conversaciones con mi abue.

Resulta que Valeria quién estaba esperando respuesta para hacer una pasantía aquí en Miami, no quiso darnos ningún detalle. A pesar que Leonardo le ofreció podía hablar con algunos amigos, ella quería lograrlo sola. Y pues lo consiguió. En un mes aproximadamente estará viajando para instalarse, pues el curso comienza en sesenta días.  Brinco y grito de la emoción, a pesar que somos muy distintas amo a Val con todo mi corazón y me alegra mucho tenerla cerca.  Cuelgo con mi abuela para llamarla directamente, no le va a gustar mucho que a Aurora se la haya escapado la información, estoy segura que quería avisarme ella misma. Le marco inmediatamente.

- Ya veo que la abuela no puedo cerrar el pico – es su saludo
- Valeria, no te expreses así de ella, en realidad simplemente se le escapó – intento defender a mi abue, aunque la verdad estaba muerta por decírmelo, pero que puedo hacer esa viejita es mi debilidad.
- Sí, sí, sí, y resulta que por tener mas de seis meses de abstinencia te convierte en virgen nuevamente ¡puros cuentos! – Dice entre risas – pues ya estas enterada hermanita, ya pronto me tendrán por allá, estoy tan feliz
- Estoy orgullosa de ti Val, lo conseguiste por tus propios meritos. Recuerda que el apartamento…
- Ya les dije que no pienso quedarme con ustedes, por Dios están recién casados y deben estar haciéndolo como conejos.
- VALERIA- le riño
- ¿Qué? – Finge estar sorprendida por mi grito–. Al menos es lo que yo haría, en fin. Ya encontré un lugar, voy a compartirlo con una compañera del curso, aunque no la conozco personalmente, hemos hablado y chateado unas cuantas veces, parece buena chica.  Viene de Italia, así que quizás logre aprender un poco de italiano.

Pasamos unos treinta minutos mas haciendo planes para cuando venga, hablando de todo y de nada. La pongo al día con lo ocurrido en la inauguración del restaurante del chef Owen y mi malvada hermana no para de reír. Dice que no puede esperar y conocer a Kate, y darle algunas ideas para vengarse de su hermana. Leo va a poner el grito al cielo. Nos despedimos prometiendo hablar la próxima semana.

Decidimos acostarnos temprano pues esta semana hay bastante trabajo, mientras estoy dejando la cafetera preparada para el día siguiente, le cuento a Leonardo las nuevas noticias. Se alegra mucho por Val y decide enviarle un mensaje de whats app para felicitarla, y por supuesto reclamarle el hecho que prefiera vivir con una desconocida que con nosotros. Le explico que no pierda el tiempo, no hay manera que la haga cambiar de idea a una tozuda como lo es Valeria. Mi sorpresa es mayor cuando Leo me dice que ha hecho un trato con mi hermana, y al menos un o dos fines de semana al mes vendrá a quedarse con nosotros.  Definitivo, este hombre le vendería shampoo hasta a un calvo.

El lunes pasa volando, en la oficina la tensión solo aumenta, al igual que los rumores de venta de la compañía. Muchos están nerviosos porque temen perder sus empleos. Pero nadie aclara, no niegan ni confirman nada, por lo que las especulaciones crecen con el pasar de las horas.

 En la tarde nos llaman para auditar a un complejo inmobiliario, por lo que llego súper tarde al apartamento y muerta del cansancio. Saludo a Leo que esta en su oficina terminando unos pendientes. Como se hacia tarde cené con mis compañeros del trabajo, le pregunto por su comida, me explica que él se preparó un sándwich. Me disculpo y prometo hacer lo posible de no volver a faltar a la comida, menos cuando en todo el día no hemos logrado vernos. Me pide no me preocupe.

Subo y voy directo a darme un baño, muero por mi cama. Estoy saliendo del vestidor cuando veo a Leo que esta esperándome, se ha quitado la camisa, solo lleva el pantalón de la pijama dejando su perfecto torso al descubierto, a verlo todo el cansancio del día se desvanece como por arte de magia.

Sin darme cuenta me encuentro desnuda debajo del sexy cuerpo de mi esposo, su boca esta sobre la mía, devorándome, recorriendo mi cuerpo con su lengua, como una deliciosa tortura, haciéndome olvidar las preocupaciones y el mundo exterior. Dejando sólo este amor y la necesidad de estar juntos. Hacemos el amor, pausado, aprovechando cada caricia, reafirmando con nuestro cuerpo lo que nuestros corazones sienten.



El martes se va igual de rápido entre trabajo y estrés por aún no tener noticias de lo que en realidad está ocurriendo con la compañía. Hoy si logro salir temprano, además que debo hacerlo, pues nos vamos a reunir a cenar con los padres de Cynthia. Así que debo apresurarme si quiero llegar a tiempo, quiero pasar por el apartamento para poder cambiarme.

Estoy casi lista cuando escucho a Leo entrar a la habitación. Me da un beso y pasa rápidamente a asearse y cambiarse, en menos de veinte minutos estamos saliendo por la puerta rumbo al  hotel donde se hospedan los Miller, que no es más que The Ritz-Carlton en Key Biscayne.



Llegamos y subimos directo al PH que normalmente habitan cuando vienen de visita, por supuesto mi amiga esta en brazos de su padre quien la mima como si fuera una niña de cinco años, es la consentida del Sr. Miller, y cómo no. Después de saludar con un abrazo a la Sra. Miller, me acerco al hombre que aun esta con su hijita en brazos.



- A ver Cynthia, suelta a este maravilloso hombre – digo mientras la empujo a un lado – que es mi turno de apapachos.
- Tú tienes tu hombre allí de pie para que te consienta, no te robes al mío – finge estar molesta aunque la sonrisa en su cara la delata.
- Deja los celos y ven acá flaca, deja que tu viejo le de algo de cariño a Tati – dice Leo tomándola del brazo – mientras yo te doy algo del mío, que hay bastante para las dos.
- Vaya esa es una oferta que hay que pensar, pues te explico D’Lucca – dice una muy seria Cynthia – no soy una chica fácil de convencer. Por muy necesitada que pueda estar – dice muy bajito por lo que su padre no logra escucharla.

Luego de la pequeña disputa por el cariño del patriarca Miller, donde ambas salimos beneficiadas, pasamos directo al comedor. Donde disfrutamos una rica cena en familia, así es como Robert y Carolina nos hacen sentir en todo momento. Como es de esperarse los hombres comienzan hablar de negocios, economía y política, a lo que Cynthia y yo ponemos los ojos en blanco, si no miré mal, creo que hasta la Sra. Miller lo hace. Como la verdad lo que menos queremos es pasar el tiempo entre aburridos temas, al menos de momento, decidimos irnos al salón y así conversar más a gusto. Las mujeres Miller se emocionan mucho cuando les doy la noticia de la pronta mudanza de mi hermana, por su puesto mi parrandera amiga dice que debemos prepararle una súper fiesta de bienvenida. Conociendo a Val, estoy seguro le encantará. Ya planearemos algo para recibir por todo lo alto a la pequeña de la casa en la soleada Miami.

La noche termina sin siquiera darnos cuenta, es que cuando se esta pasándola tan bien el tiempo vuela. Nos despedimos de la familia Miller, pues como sus padres solo estarán dos días más, mi amiga decide quedarse a dormir con ellos. Entres besos, abrazos y promesas de un próximo encuentro nos dirigimos a nuestro apartamento.

El viernes llega, y con ello la tarde de chicas que tenemos planeada, con la excusa de la bienvenida a Megan. A las seis de la tarde estoy entrando puntualmente a Clevelander, lugar donde decimos iniciar la fiesta, palabras de Kate. Al entrar veo a la rubia O’Conner haciéndome señas. Después de saludarnos, conversamos de todo de cosas sin mucha importancia, la ciudad, clima, bebidas, ropa, y en todo ese rato no puedo dejar de pensar lo mismo que el día que la conocí, esos ojos me son tan familiares, ahora que le detallo mas puede notar algunos gestos que estoy segura he visto en alguien mas. Pero no puedo pensar mas en eso pues llegan Cynthia y Kate para completar el mágico cuarteto de hoy.



Luego de unas cuatro horas, una rica cena, y mas bebidas de las que deberíamos haber ingerido, Kate propone lleguemos hasta Mango’s Tropical Café, así podemos bailar un rato y sudar algo del licor que hemos tenido. Además asegura hoy habrán algunos shows muy divertidos. Sin pensarlo mucho, cancelamos la cuenta y como nos queda cerca optamos por irnos caminando. El lugar está empezando a llenarse y hay una buena cantidad de personas esperando para poder ingresar, pero como es de esperar Cynthia “conoce a alguien” que nos dejará entrar sin hacer cola. Aunque en estos momentos se lo agradezco, pues no me apetece mucho tener que hacer una larga fila.


Vamos directo a la barra para pedir la primera ronda de cócteles, brindamos y enseguida nos dirigimos a la pista. Después de bailar unas cuantas canciones como cuatro colegialas, ya cansadas y sedientas volvemos para rellenar nuestras copas, el bartender nos atiende de inmediato ganándose risas y guiños de mi coqueta amiga Cynthia. No puedo negarlo la mayoría de ellos aquí son muy sexys. Como si me estuvieran escuchando tres de ellos se suben a la barra e inician un sensual baile, ganándose los gritos y aplausos de las féminas del publico, de seguro a la parte masculina le tocara el suyo en breve, pues las chicas que atienden aquí son famosas por sus bailes.



Estamos buscando una mesa donde podamos descansar y reponer algo de nuestras fuerzas, cuando la persona que menos esperé encontrarme de nuevo, y menos sin haber escuchado la versión de mi esposo, esta justo en frente de nosotras.

- Sabía qué volveríamos a encontrarnos, Tatiana – la voz Aaron me sorprende, este hombre me trata como si fuéramos dos amigos que llevan tiempo sin verse.
- Sr. Foster – no quiero darle pie a confianzas, así que mientras más formal sea el trato mejor. Él sonríe ante mi saludo, pero no capta mi indirecta, pues de inmediato se presenta con mis amigas, sin darme chance de decir nada más.
- Señoritas, soy Aaron Foster, podríamos decir que soy un viejo amigo de Leonardo, y hace solo unos días nos reencontramos y tuve el placer de conocer a su bella esposa – suelta su discurso sin dejar de mirarme de una manera que me hace sentir incómoda. Le da un beso a cada una de las chicas y cuando se acerca a mí, soy salvada por mi celular que ha decidido este maravilloso momento para vibrar.

Me disculpo para atender, y quien mas podía ser que mi adorado esposo, que sin saberlo me ha rescatado. Me pregunta como estamos y en dónde, luego de decirle el lugar, quiere saber si estoy bien para manejar o necesita que nos recoja para dejarnos a todas a salvo en nuestros respectivos hogares. Le pido nos de unos cuarenta y cinco minutos, y al menos puede pasar por mí.

Las chicas están sentadas en una mesa, gracias a Dios solas, por lo que inmediatamente me relajo. Les explico de la llamada, Kate esta de acuerdo en terminar la jornada, pero Megan y Cynthia deciden quedarse un poco más.

Estamos en la última ronda, en lo que a mí respecta, cuando me llega un mensaje de Leo para decirme que esta justo en la entrada del local esperándonos. Nos despedimos de nuestras amigas, pidiéndoles por favor se cuiden y no beban de más.

Tal como prometió, Leonardo se encarga de llevar a Kate, y luego vamos directo al apartamento. Ni cuenta me doy que hemos llegado, hasta que siento unos familiares brazos deslizarse por debajo de mis rodillas, no pongo resistencia alguna y dejo que mi esposo me lleve cargada. Me vuelvo a dormir. Cuando nuevamente abro los ojos ya estoy acostada en mi cama, por lo que sin pensar si en quitarme maquillaje o quitarme la ropa caigo de nuevo en los brazos de Morfeo.

Me despierto sobresaltada cuando escucho el teléfono sonar, intento levantarme pero todo me da vueltas, Leo me da un beso en la cabeza y se levanta a atender. A lo lejos escucho parte de la conversación.
- Si, soy Leonardo D’Lucca, su esposo. Ella no puede atenderla está indispuesta – hace una pausa en la que asumo escucha lo que la otra persona tiene qué decirle – Sí, por supuesto que la conozco. ¿En dónde está? - Luego de otra pausa donde escucha atentamente lo que le están diciendo, responde  - De inmediato salimos para allá.






(1)         Datos tomados de http://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_del_11_de_septiembre_de_2001

miércoles, 1 de octubre de 2014

Capitulo XVII


Capitulo XVII
                                                                                               
Confesiones al amanecer…

- Este lugar es genial, la decoración hermosa y elegante, la comida espectacular – expone Cynthia casi sin respirar – la única queja es que dejan entrar a cualquiera – dice señalando a Kathleen quien la mira con la boca abierta.

- OH querida, lo mismo podría decir yo – responde una muy molesta Srta. Reynolds - ¿DONDE DEMONIOS ESTA EL DUEÑO DE ESTE LUGAR? – alza la voz por lo que varios invitados voltean a mirarla. Al parecer es la única que no sabe quien es.

- Por favor, no quiero un espectáculo, no es el lugar y mucho menos el momento – interviene James en la actitud mas seria y fría que jamás se le ha visto.

- Querida – se burla Cynthia imitando su voz –, por si no lo has notado estas haciendo el ridículo…

- ¿Se siente Usted bien Srta. Reynolds? – le pregunta el hombre de seguridad al notarla pálida.

- ¡No es de tu incumbencia! – espeta furiosa, sin poder disimular su malestar.

- Que se puede decir, aun existen caballeros… ¿damas? mmm... no muchas – indica irónicamente la Srta. Miller –. Eres tan idiota y tan concentrada en ti misma que aún no te das cuenta que estás justo delante del Chef y dueño de este restaurante, tu arrogancia es taaaan grande que terminó de fundir las pocas neuronas de tu cerebro que quedaban intactas.

- Cynthia – la reprende James

- Yo únicamente señalo lo obvio, Chef Owen. Ahora si me disculpan tengo cosas más importantes que perder mi tiempo con una cualquiera – Cynthia se mueve para quedar a solo centímetros de la cara de una muy sorprendida Kathleen –. Porque admitámoslo, eso es exactamente lo que tú eres, no importa cuanto dinero tengas, que tan importante sea tu apellido o el circulo social en el que te desenvuelves, si al final del día estas ansiosa por revolcarte en la cama de un hombre, sin importarte si es casado o no, no eres mas que una zorra.

Esas palabras sacan del trance en que se encontraba e intenta golpear a Cynthia, pero el Sr. Owen rápidamente la toma del brazo impidiéndoselo.

- Ya no más Kathleen, querías hablar con el dueño o el chef del lugar, pues ya lo has hecho, escuche todo lo que tenias que decir. Es momento que te retires, aquí no eres y nunca serás bienvenida.

- A mi me invitaron – se excusa mientras busca en su bolso para sacar la invitación y entregársela –, puedes verlo por ti mismo.

- Esto es demasiado hasta para ti Reynolds, una cosa es colarte a una fiesta donde no estas invitada pero falsificar una tarjeta la verdad no te creí tan desesperada – James le hace algún tipo de seña a su gente de seguridad, quienes de inmediato se llevan a una contrariada Kathleen.

- Así se hace Chef – lo anima Cynthia con una gran sonrisa

- Ahora tú, mi esposa y Tatiana tienen algunas explicaciones que darnos – tomándola del brazo la guía hasta la mesa que compartimos.
                                                         

James y Cynthia llegan a la mesa después de lo que pareció ser una acalorada conversación. Mi amiga se sienta en su lugar, pero el chef se acerca a su esposa, le da un tierno beso en lo labios, le susurra algo al oído, se disculpa con nosotros diciendo que debe atender algo en la cocina y que en menos de quince minutos estará de regreso.

La tensión en el ambiente es palpable, todos estamos en un sepulcral silencio, gracias a Dios el Sr. O’Connor no ha regresado y Megan quien parece darse cuenta que algo no esta bien, se retira para darnos algo de privacidad, debe haber intuido que lo necesitamos, aunque viendo la cara de mi esposo, casi prefiero que se quede, esa es la única manera que Leonardo no diga nada.

- ¿Kate, te has detenido a pensar lo importante que esta noche para James? – Leo suspira y se pasa ambas manos por los cabellos, demostrando lo frustrado que se siente - ¿Y tú, Tatiana cómo pudiste caer a su mismo nivel? – acusa mirándome a los ojos, para luego girarse a ver a mi amiga - Miller creí… de verdad creí que antes de hacer alguna locura lo pensarías dos veces, pero está demostrado que eso es mucho pedir para ti ¿Verdad?

De nuevo se instala un mutismo a nuestro alrededor, que comienza a ser insoportable, aunque más que el silencio es la culpa, lo pienso una y otra vez, quizás no esté bien, me digo a mi misma pero de igual manera lo hecho, hecho está. Además tampoco es como si hubieras actuado contra una casta paloma, entiendo que esta mal, que somos mejores que ella, pero no es para que mi esposo tome esa actitud. Al fin y al cabo él es mi esposo, no mi padre, y yo no soy una niña.

- Tienes razón Leonardo no debimos hacerlo – siento como la culpa esta siendo borrada por algo un poco más fuerte, la ira –, pero me parece que estás siendo un poco injusto con nosotras.

Intento contener las risas al ver la cara de Cynthia, estoy segura como que el infierno es caliente, que jamás imaginó que fuera justamente yo quien nos defendiera, más sabiendo que nunca estuve un cien por ciento de acuerdo con este plan en contra de la zorra como la apodó mi hermana de vida.

- ¿Te estás escuchando Tatiana? – pregunta Leo totalmente confundido por mi comentario anterior.

- ¡Por supuesto que si! –Respondo envalentonada - Aunque en estos momentos en realidad lo que me gustaría saber es ¿lo estas tú? – Le reprocho – ¿Acaso sabes lo que hicimos para que nos acuses de esa manera? ciertamente lo dudo…

- Esa, es una respuesta que me encantaría escuchar. – Nos interrumpe James que se ha sentado y en mi diatriba con mi marido ni me he enterado –. Ilumínanos Sra. D’Lucca, porque la verdad además de tener que sacar del lugar una rabiosa mujer, no tengo idea de lo que ocurrió, ni como llego esto a las manos de Kathleen - dice colocando sobre la mesa una invitación, la cual obviamente es la que mandamos a hacer nosotras tres. Pilladas

Cynthia y yo comenzamos a explicar pero nuestra tercera cómplice nos lo impide.

- Yo mande a hacer esta tarjeta exclusivamente para mi hermana, de esa manera no habría duda alguna de su veracidad. Te conozco, James y sé que la persona que está en la entrada chequeando las invitaciones podría reconocer si fuera distinta – explica Kate con un tono totalmente neutro – así como también que cada invitado está en la lista, yo mismo te ayude con ello, por lo que el personal de seguridad sabría que algo no estaba bien al no verla en la misma. También admito que hable con algunos para que la dejaran entrar, y luego la pudieran echar, no seria lo mismo si lo hubieran hecho en la entrada.

En eso tiene toda la razón, aunque no salió como estaba previsto, la verdad es que si disfruté ver a esa mujer contrariada y rabiando a mas no poder al darse cuenta que de nada le vale su apellido, ni su dinero, mucho menos su actitud arrogante. Al parecer las tres estamos pensando en lo mismo pues sin poder ocultarlo por más tiempo una sonrisa se forma en cada una de nuestras caras.

- Kate no debiste dejarte llevar – expresa Leonardo – la conoces muy bien, no se va a quedar de brazos cruzados, tu hermana es de armas tomar.

- No me importa Leo, además dudo mucho que pueda averiguarlo, y estoy segura que ninguno de los que estamos sentados aquí vayamos a decirle algo. Por lo que estoy tranquila – manifiesta la Sra. Owen – ya va siendo hora que alguien le ponga un freno a su súper ego.

- Puedo decir que ha sido el mejor momento de la noche – revela el Chef Owen –, verle la cara cuando al fin se dio cuenta que yo soy el dueño. ¡Dios ni en mis mejores sueños! Aunque creo que exageró, se puso realmente pálida y podría jurar que estaba sudando.

- Eso tiene una explicación mi querido amigo – confiesa, una hasta el momento demasiado callada, Cynthia – digamos que su cóctel de bienvenida estaba bien cargado.

Todos estallamos en una sonora carcajada, de esas que hacen que te duela el estomago y se te salgan las lagrimas, de las que disfrutas y dejas atrás, al menos de momento todo lo malo. Todos reímos y disfrutamos. Todos menos Leonardo.

- ¿Estás bien, Katie? – Se preocupa su atento marido –, no sé si ella te vio, pero debe asumir que estás conmigo, de seguro en estos instantes tus padres…

- Estoy mas que bien amor – lo interrumpe Kate – soy feliz contigo, tú eres mi familia, nadie mas importa.

- Si me hubieras dicho algo de esto antes, de seguro se nos hubieran ocurrido una par de cosas más para enfurecer a mi cuñadita – se lamenta James

- Por favor Owen, no les des más cuerda – le reclama Leo ¿molesto? – Kathleen sin alicientes es bastante entusiasta, no quiero imaginarla ahora que debe estar realmente rabiosa.

- Te aseguro Leonardo que nadie le interesa saber que tanto conoces a esa mujer como para afirmar si es entusiasta o no – le reclamo ya irritada por su afán de defenderla – pero creo que te estas tomando toda esta situación muy a pecho. ¿No te parece?

- No vayas allí Tatiana – me advierte.

- Entonces no me empujes a ese lugar –amenazo de vuelta.

La discusión queda para otro momento con la llegada del Sr. O’Connor y su hija. Aparte que no pienso darle más importancia a todo este asunto, al menos no por ahora. Es la noche de los esposos Owen, y si ellos están bien con todo lo que ha pasado no entiendo porque no podamos estarlo el resto.

                                                                          *  *  *

Llegamos al apartamento, son casi las tres de la madrugada, como era de esperar fuimos los últimos en salir del local, después de bailar y hasta cantar. Thomas O’Connor resultó ser un caballero muy agradable, su hija una chica súper espontánea, muy madura para su edad. Como se va a quedar un tiempo más en la ciudad, la hemos invitado a pasar un día de chicas la próxima semana.

Todo el trayecto desde el restaurante hasta el apartamento lo hacemos en completo silencio, en realidad estoy tan agotada que ni fuerzas tengo para preguntarle qué le ocurre. Apenas doy dos pasos dentro cuando ya no aguanto por más tiempo los tacones, me los quito, no sin antes trastabillar un par de veces en las cuales mi esposo intento ayudarme, pero luego de decirle que estaba bien me dejo estar. Con zapatos en mano me dirijo a nuestra habitación, mientras que Leonardo lo hace hacia a la cocina. Estoy en medio de las escaleras cuando lo escucho decir - ¡Maldita sea, no era así como quería que terminara la noche! – me detengo por unos segundos, no se si espera que lo haya escuchado, o si simplemente esta hablando solo.

Al darme cuenta que es la segunda opción, pues no ha dicho una palabra más, continúo mi camino hacia una hermosa cama que me espera en el cuarto. Entro al vestidor lanzo los zapatos en la entrada, mientras que el vestido aterriza en uno de los pequeños puff que allí se encuentran. Termino de quitarme los accesorios, tomo una pijama para dirigirme al baño a lavarme la cara, los dientes, desmaquillarme y de esa manera poder rendirme en los brazos de Morfeo que ansiosamente me están llamando.

Salgo después de unos quince o vente minutos, dispuesta a finalizar la extenuante jornada de hoy, pero al entrar a la habitación mi mirada se encuentra con la de Leonardo, nos quedamos así por un rato, donde el silencio reina en el espacio. Al cabo de un instante Leo cierra los ojos, suspirando sin decir una palabra continua su camino hasta su lado de la cama en donde empieza su rutina de desvestirse. Haciendo acopio de todas mis fuerzas para no estrangularlo, ¡aunque ganas no me faltan! me acuesto dándole la espalda, me arropo y cierro los ojos, rápidamente me duermo.

Me despierto sobresaltada cuando siento unos brazos familiares que me rodean. Me aferra a su pecho como si fuera su tabla de salvación en una tormenta en medio del océano. Siento su respiración en mi cuello, haciendo que se me erice todo el cuerpo. Pero continúa sin decir una sola palabra, solo estamos así uno en brazos del otro. Ya este silencio me esta matando, respiro un para de veces para darme el impulso necesario e intento girarme para ponerle punto final a esta situación. Pero mi esposo me lo impide. Intento nuevamente.

- No, Tatiana – dice Leo casi en un susurro.

- Pero quiero hablar contigo.

- Pero yo no.

- ¿Tú no? – Repito atónita- ¿Y eso que se supone que significa?

- Exactamente eso, que no quiero hablar, al menos no de momento

Y eso es justo lo que necesito para que toda la rabia que había logrado contener estalle en un micro segundo.

- Y por supuesto, se supone que debo aceptarlo, no quieres aclarar las cosas, ni siquiera me has dirigido la palabra en casi toda la noche – mi voz va en aumento con cada oración –, pero debo quedarme tranquila y dejar que me abraces.

Este último comentario hace que me suelte, por lo que ya puedo moverme, pero en vez de girarme simplemente me levanto de la cama. Necesito un poco de espacio, pues si estoy cerca de su cuerpo, mi piel reacciona de una manera que no es la adecuada, al menos no en este momento que estoy furiosa.

- Sabes una cosa, estoy un poco confundida por tu actitud con todo lo que ha pasado esta noche ¿Podrías por favor decirme qué es lo que realmente te molesta?

- ¿Quieres decir, además de darme cuenta que mi esposa se comporta como una chiquilla adolescente vengándose de una de sus compañeras de clase? –Replica Leo sentándose en la cama, dándome la espalda – me cuesta creer lo que bajo que llegaron ustedes tres, Tatiana.

- Tienes razón Leonardo, quizás no fue lo correcto, ni la mejor manera de hacer las cosas. ¿Pero en algún momento te has puesto en mi lugar y tratar de imaginar como me siento? – Sin dejarlo responder continuo – Ya estoy cansada que esa mujer siempre este rondándonos, mejor dicho rondándote a la espera de poder meterse en tu cama, no pienso dejarle pasar una más.

- Déjala en el pasado Tati. Eso es lo que esa mujer es, pasado – explica con fastidio dándose la vuelta para poder mirarme.

- Me siento agotada de que tu pasado, como lo llamas, esté constantemente en nuestro presente, no pienso darle ninguna oportunidad de que se convierta en futuro – le confieso –, se acabó la Tatiana pasiva.

- Nena, por favor deja las cosas así – expresa frustrado -, le he repetido hasta el cansancio que no va a conseguir nada conmigo, justamente hoy le dije que…

- ¿Hoy? – Lo interrumpo completamente sorprendida y a la vez dolida –. ¿Cuándo hablaste con ella o en realidad se vieron?

Se levanta y empieza a caminar en mi dirección, se que esta buscando ganar tiempo para ver como enmienda su error, es obvio que se le escaparon las palabras. Al estar delante de mí a escasos centímetros se detiene, sin tocarme solo mirándome. Quiero que hable pues se me hace muy difícil aguantar las lágrimas que ansiosas me piden a gritos rodar por mis mejillas.

- Se ha presentado en la oficina todos y cada uno de los días de esta semana – confiesa derrotado al cabo de unos minutos.

- ¿Pensabas decírmelo? – Susurro, aunque ya sé su respuesta.

Suspira, moviendo la cabeza de lado a lado, negando. Me doy la vuelta sin decir una palabra, en este momento no puedo estar en la misma habitación que él, en la puerta antes de salir, con el pomo en la mano y sin mirarlo finalmente le hablo.

- Prometimos no habrían secretos entre nosotros Leo, dices que ella es pasado, me lo has repetido hasta el cansancio y te creo, por favor no me hagas dudar a estas alturas. – Y sin más me dirijo a una de las habitaciones de huéspedes.

Sé que Leo me ama, que nos amamos pero esta mujer está constantemente interponiéndose entre nosotros, es una sombra que nos asecha cada minuto. Confío en mi esposo, nos ha costado llegar a este punto donde nos encontramos, sin embargo es tan molesto tener que toparme con ese pasado una y otra vez, que me da miedo que nos sobrepase, que no podamos finalmente dejarlo atrás.

Por más que intento dormir, mis pensamientos van a mil revoluciones por minutos, así que desisto de estar más tiempo en la cama dando vueltas cual pollo en brasas. Me levanto salgo al pasillo y me quedo mirando la puerta de nuestra habitación, intentando decidir si ir hasta allá, eso es en realidad lo que quiere mi corazón, pero en cambio me dirijo hasta la sala para salir a la terraza. La vista desde aquí es una de las cosas que mas me gustan del apartamento. Dejo que las luces de la ciudad me envuelvan, el cielo poco a poco va pintándose con los hermosos colores del amanecer, la frescura de la brisa me indica que ya es hora de volver dentro si no quiero resfriarme, ya que solo visto un diminuto pijama que deja la mayor parte de mi piel expuesta.



Al entrar lo primero que veo es a mi hermoso esposo sentado en un sillón justamente frente al lugar donde antes me encontraba, cierro las puestas detrás de mí, sin saber que decir o hacer a partir de aquí. Quiero abrazarlo, besarlo, olvidar todo y simplemente ser felices, pero nuevamente hago todo lo contrario a lo que me dicta mi corazón, me quedo en silencio.

- Eres verdaderamente hermosa Tatiana, podría estar una eternidad admirándote y jamás me cansaría – dice con esa sexy voz que tanto amo, y siento que mis piernas no me sostendrán por mucho tiempo de pie –, cada día me enamoro mas de ti, eres mi todo nena. Así como el sol esta alumbrando éste nuevo día, llenando el cielo de color y calor. Eso eres tú para mí, sin ti solo hay oscuridad y frío. Estoy consciente que debí contarte, pero no quiero preocuparte y menos molestarte, sé que no te merezco y no hay un solo segundo de mi vida que no este inmensamente agradecido de tenerte a mi lado. Pero a la vez me da temor que te des cuenta que no valgo la pena, que traigo a tu vida demasiado problemas y quizás simplemente te canses de luchar…

- Te amo Leo – lo interrumpo mientras me coloco enfrente de él –. Nunca lo dudes, tú iluminas mi vida de igual manera, pero odio me dejes por fuera, somos un equipo para todo, lo bueno y lo malo, no me trates como si fuera de cristal por temor de que en cualquier momento vaya a romperme. El problema no es tanto que la hayas visto, sino que me lo ocultaras, confío en ti, pero sobre todo creo en nosotros. He aprendido a lidiar con no ser la única que ha compartido tu cama, lo que quiero es ser la última.

- Y lo serás nena, desde que te vi por primera vez, no ha habido nadie más y nunca la habrá. Te amo y la vida no me alcanzará para demostrártelo, por lo que te perseguiré por toda la eternidad para que no lo olvides. Si, eso suena perfecto para mi, juntos perpetuamente.

Me da un beso, cargado de amor y dulzura, queriéndome demostrar con ello lo que sus labios acaban de decirme. Sin esfuerzo alguno me toma en brazos para llevarme a nuestra habitación. Donde con la mayor ternura del mundo hacemos el amor, conversamos de todo y nada en realidad para luego, finalmente dormir abrazados.

Nos despertamos pasado el medio el día, después de tan estresante noche, a los dos nos hacia falta una pequeña terapia de sueño, pero ya la falta de comida esta haciendo estragos en el estomago de mi famélico esposo. Y para que negarlo en el mío también.

Mientras voy sacando de la despensa y la nevera lo necesario para preparar una rica pasta carbonara que tanto nos gusta a ambos, decido preguntarle algo que desde anoche no me deja tranquila.

- ¿Leo, exactamente que te dijo Kathleen cuando fue a tu oficina? – por su reacción se que mi pregunta lo tomo de sorpresa, por lo que decido aclarar – no quiero discutir, sólo quiero saber a que atenerme y no darle el gusto de agarrarme desprevenida.

- Lo menos que quiero es hablar de ella…menos después de lo que paso anoche –

Dejo automáticamente lo que estoy haciendo mirándolo en  silencio dándole a entender, que habla si o si, al darse cuenta que no tiene escapatoria, se acerca para rodearme la cintura con sus brazos.

- Lo de siempre Tati, que no se va a dar por vencida, me quiere de vuelta – piensa por un segundo las próximas palabras, por la sombra que se instala en sus ojos, se que no me va a gustar en lo mas mínimo lo que va a decirme –. Me juró que no descansará hasta que lo logre, esta dispuesta a todo y me da miedo…no puedo perderte, sencillamente no puedo- esto ultimo lo dice en un susurro.

 - Eso no va a pasar amor, no importa lo que trame esa mujer – le afirmo – nos queremos demasiado, nada podría separarnos. No se lo vamos a permitir, ni a ella ni a nadie.

No estoy del todo segura si esa afirmación es para tranquilizarlo a él o ambos. Porque aunque tengo fe en lo que sentimos, no deja de inquietarme lo que me acaba de confesar…

Después de comer, decidimos ver una película, a mitad de la cual me quedo dormida, así que en realidad no me entere que pasó con el Capitán America y su ex mejor amigo. Cuando vuelvo a abrir los ojos, estoy sola, la TV esta apagada y únicamente la luz de la lamparita de mi mesa de noche ilumina la habitación. Me levanto con doble propósito, encontrar a mi esposo, pero mas importante aún meterlo de nuevo en la cama conmigo.

Tras buscarlo en la cocina, oficina y sala, finalmente lo veo en el mismo lugar donde en la madrugada estaba yo admirando el amanecer, sólo que esta vez es el ocaso lo que se distingue en el horizonte, tiene un vaso en la mano lleno de un liquido ambarino, esta recostado de la baranda sumido en sus pensamientos, no se necesita ser muy inteligente para saber que esta preocupado, y que la culpa la tiene la muy zorra de…ahgggg me niego a mencionar su nombre, ni eso merece.

Me acerco a él, reconoce mi presencia, pero no hace ningún movimiento, aparte de levantar su bebida a sus labios. Apoyo mi frente en su espalda, abrazándolo por la cintura. Adoro su olor, me reconforta de muchas maneras. Sus manos cubren las mías, así permanecemos un buen rato. Hasta que mi súper protector esposo, decide cambiar de posición por lo que ahora el esta a mi espalda y son sus brazos los que me rodean. Coloca el vaso en una mesita cercana. Juega con mi cabello mientras me da besos en la cabeza.

- Este en uno de mis lugares favoritos del apartamento, me encanta la vista que tiene por aquí Sr. D’Lucca -

- Además de nuestra habitación, este es mi preferido también, cuando decidí comprarlo, lo hice por la paz que desde aquí se puede contemplar, y si es a tu lado es simplemente perfecto.

- Eres un adulador, aunque es innecesario galán, ya estoy rendida a tus pies, con un anillo en mi dedo y durmiendo en tu cama - bromeo

- Pues mí querida esposa, esta equivocada y esta noche pienso demostrárselo. A el amor hay que expresarlo siempre, el romanticismo no puede morir, pues caeríamos en la rutina, y eso Sra. D’Lucca es algo que no puedo permitir – me explica mientra retira mi cabello a un lado, así sus labios pueden recorrer mi cuello, llenándolo de suaves y húmedos besos  logrando que se me erice toda la piel –, necesito que te pongas algo lindo pues te voy a llevar a cenar, y si te portas bien puede que a bailar.

- OH te prometo que seré una chica buena – le doy un beso en los labios y me dirijo a nuestra habitación para seleccionar el atuendo adecuado, cuando voy a mitad de camino escucho a Leonardo advertirme que solamente tengo dos horas para estar lista o perderemos la reservación.

 Al llegar corro directamente al baño, me desnudo lo más rápido que puedo, abro el grifo y me meto en la ducha sin esperar siquiera que el agua se caliente por lo que mi grito no se hace esperar. Odio el agua fría, normalmente me gusta el agua lo mas caliente que mi cuerpo pueda soportar, menos cuando lo hago acompañada de mi adorado esposo, quien si pudiera le agregara unos cuantos cubitos de hielo, ¿es que acaso esta entrenando para alguna misión secreta?

- ¿Nena, qué sucede estás bien? – dice con la voz entrecortada por la carrera que de seguro hizo al oírme abriendo la puerta de la ducha.

- El agua esta muy fría – respondo dando saltitos por la brisa que entra de pronto –, cierra ya – lo regaño

- Juro que un día de estos me da un infarto o me mato por las escaleras –refunfuña en mi contra mientras se aleja.

Decido ignorarlo y apresurarme con mi aseo, lavo mi cabello y le aplico un poco de acondicionador, mientras lo dejo trabajar en mis puntas me dedico a enjabonar mi cuerpo, también opto por afeitarme y estar completamente lista para lo que salga esta noche. Después de casi media hora de estar bajo el agua, me cubro con una toalla, busco mi secador de pelo y me dedico a trabajar con mi melena, todo esto mientras mentalmente estoy revisando mi closet en la búsqueda del look perfecto para nuestra cita.

Mientras tanto Leo hace lo propio, en un abrir y cerrar de ojos se esta vistiendo, sin siquiera molestarse en afeitarse, como ya es costumbre luce súper sexi, vestido con su traje y camisa oscura, sin corbata, se ha dejado la barba con el cabello peinado hacia atrás ¡está para comérselo! y pensar que le tomo no más de media hora estar listo, el mismo tiempo que empleé yo duchándome. Dejo de lamentarme, voy hasta el vestidor a buscar mi ropa. Otros veinte minutos mas y estoy lista, orgullosamente puedo decir que me sobraron quince minutos de las dos horas que me concedieron, estoy mejorando. Tomo mi bolso, bajo las escaleras para encontrarme con mi flamante esposo que me espera para irnos a cenar.



Lo encuentro nuevamente en la terraza, con una copa en la mano. Esta vez cuando abro las puertas me escucha y se gira. Sus ojos recorren mi cuerpo como una suave caricia, me quedo de pie allí, dejando que se empape de mí mientras yo hago lo mismo, admito que aunque me enamoré de la persona que hay detrás de esa hermosa fachada, no puedo dejar de admirarlo. Tiene un cuerpo definido sin ser demasiado musculoso, sólo lo justo para hacerme temblar. Lo que mas me impactan son sus preciosos ojos, eso unido a esa voz ronquita y sensual, hacen que me derrita a sus pies cada vez que me mira como lo esta haciendo justo ahora.

- Estas preciosa – dice sacándome de mi ensoñación con ese tono que hace que mi corazón se acelere - ¿Nos vamos?



Como en este momento no confío que mi voz sea la más estable, simplemente asiento en respuesta. Leo sonríe, pues sabe exactamente el efecto que tiene en mí.

Vamos tomados de la mano, entramos al ascensor para ir al estacionamiento. Ya cuando estamos en el auto, el autocontrol vuelve a mi cuerpo y me río brevemente.

- ¿Qué es tan gracioso nena? –cuestiona divertido, pues creo sabe la respuesta, pero igual decido explicarle

- Simplemente me parece increíble, que todavía después de casados sigas causando esa impresión en mi, prácticamente me dejas sin aliento, mis neuronas sencillamente dejar de funcionar. Que puedo decir soy afortunada de tener un esposo sexi, aunque también me trae algunos dolores de cabeza.

- Yo soy el afortunado en esa relación Tati. Eres una persona maravillosa, inteligente, bondadosa, tierna, hermosa. Aunque no te guste admitirlo y menos aun que te lo repita, irradias una sensualidad que es cautivadora. Si alguien tiene algo que agradecer soy yo. Y si hablamos de dolores de cabeza, con ese vestido hoy de seguro volveré con uno – dice mientras toma mi mano – la diferencia es que mucha gente me conoce y saben que no pueden mirarte mas de lo debido si no quieren terminar con al menos un ojo morado.

- Claro, tienes que sacar a colación tu lado troglodita, creo que tu mazo se quedo en casa hombre de las cavernas – finjo estar molesta. Mi comentario lo hace reír a lo que me uno enseguida.
  
Llegamos a nuestro destino, Il Gabiano Restaurant ubicado en Biscayne Blvd. Es un hermoso lugar, romántico y tranquilo. Leonardo le explica al maître que tenemos reservación, por lo que nos hacen pasar a una hermosa mesa para dos en la terraza, con vistas a la bahía. Un mesero se acerca para entregarnos los menús. Leo le pide una botella de Lechthaler Pinot Nero 2006 un rico vino tinto italiano, mientras decidimos que comer.



Yo opto por Picate Vitello Al Limone, una rica ternera salteada en mantequilla de limón y vino blanco. Mientras que mi adorado esposo opta por un Vitello alla Zingara, ternera Zíngara con alcaparras, tomates y anchoas. También pedimos Verdure Miste alla Grilia, una mezcla de verduras a la parrilla.

Brindamos y conversamos a gusto mientras nos traen la cena. Le cuento que en las oficinas hay una extraña tensión, y hay rumores que o bien están en proceso, o al parecer han vendido un conjunto de acciones y no se sabe exactamente quien las adquirió. Pero son solo cuentos de pasillo y aún no han confirmado o negado nada, esta semana que viene lo sabremos. Me dice que él no ha escuchado nada, y esas cosas siempre por algún lado se filtran. Pero que estará atento y me avisará si sabe de algo.

Traen la comida, la cual como siempre esta deliciosa, comemos entre bromas y risas, toda la tensión que vivimos desde ayer se ha esfumado y simplemente volvemos a ser nosotros mismos. El camarero se acerca a retirar los platos y preguntar si deseamos postre, a pesar de estar llenos decidimos compartir una Creme Brulee, que aquí la hacen de manera sublime.  

Traen nuestro rico dulce y rompiendo todas las normas de etiquetas, Leo pide que me levante para así sentarme en su regazo, lo cual hago a regañadientes, siento que todos los ojos están sobre nosotros y me muero de vergüenza, pero a él parece no importarle. Toma la cucharita y me brinda un poco del postre, el cual se deshace en mi boca es sencillamente delicioso. Luego él toma un bocado sin dejar de mirarme, mis ojos automáticamente viajan a sus apetecibles labios y sin pensar mucho en lo que estoy haciendo, lo próximo que sé es que estoy besándolo, no de forma casta y dulce, no, uno lleno de pasión y deseo. Mis manos viajan automáticamente a su cuello para acercarlo más a mí. Siento que su agarre se aprieta en mi cintura.



Nos olvidamos del lugar en donde estamos, nos entregamos a ese beso, hasta que casi estoy sin aliento; pero antes de poder decir nada un carraspeo nos saca de nuestra burbuja. Decido no levantar aun la mirada por pena, pues imagino que quien sea que este aquí no puede estar muy contento con nuestro comportamiento adolescente.

- ¡Vaya Vaya!, pero miren a quien tenemos acaramelado por aquí – siento como Leo se tensa debajo de mi al oír estas palabras, así que levanto la mirada – ya entiendo D’Lucca, hasta yo pierdo la compostura por una mujer tan hermosa como esta – dice señalándome  

Mi  gran sorpresa es este hombre que ahora esta sentado en el que era mi puesto, nada tiene que ver con el restaurante. Pero por lo visto si con mi esposo, pues es evidente que se conocen.


Susana Mohel: Fuiste tú quien me impulso a continuar, aún cuando no tenía el ánimo ni las ganas. Esa personita que me dio el impulso necesario para continuar con la historia de Leo y Tati. No existen palabras para describir lo agradecida que estoy y estaré siempre contigo. Aún en la distancia estas muy cerca de mi. Eres una Amiga excepcional, única y maravillosa.

A todas aquellas personitas que a pesar del tiempo continúan siendo fieles a 1 Final Feliz y siguen apoyando mi historia, un Gracias no es suficiente, pero por algo se empieza.


El próximo miércoles 8 de Octubre publicaremos el capitulo XVIII. Descubriremos quien es el misterioso hombre.