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miércoles, 16 de abril de 2014

Capitulo XII



Si nos tenemos el uno al otro…


Me despierto desorientada, no se donde me encuentro, pues nada de lo que me rodea me es familiar. Trato de  levantarme, entonces me doy cuenta que estoy en una cama con mi esposo acostado a mi lado. Aun perdida por la extraña situación, intento no hacer ningún ruido para no despertar a Leo, escaneo con la mirada la habitación en busca de algo que me de una pista.

No es nuestro apartamento, pues mi cama la reconozco hasta con los ojos cerrados, tampoco parece ser de un hotel, pues es demasiado simple, además para que ir a uno si estamos cerca de casa. Me llevo la mano a la cabeza y siento algo que parece una gasa. Ahora recuerdo estamos en el hospital viendo al abuelo pero…

- ¡Nena despertaste! – expresa Leo casi en un susurro sentándose de golpe

- Así parece – respondo aún aturdida



Leonardo me mira con preocupación en sus ojos, lentamente me siento para estar frente a él, hago una mueca de dolor, me llevo la mano directamente a la cabeza al lugar de donde proviene. Cierro los ojos por un segundo, entonces caigo en cuenta de lo que paso, de seguro me golpee cuando me desmayé, ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?


- Amor estuviste casi dos horas sin reaccionar, juro que envejecí al menos cien años – enuncia Leo como siempre respondiendo mis preguntas no formuladas, insisto este hombre puede leer mis pensamientos

- Lo lamento – me disculpo, imagino el susto que le hice pasar pues su semblante es serio, ni cuando recibió la noticia del accidente del abuelo lo vi así.


Mi abrumado esposo me da un tierno beso en los labios, me abraza como si el mañana no existiera para ninguno de los dos. Así permanecemos unos minutos, sin decir nada, solo el sonido de nuestras respiraciones y los latidos de nuestros corazones se escuchan en la habitación. Me muevo hasta estar sentada en mi lugar favorito, el regazo de mi amado. Él me recibe feliz aferrándome aún mas fuerte contra su pecho, mientas me besa la cabeza repitiéndome una y otra vez lo mucho que me ama.


Me separo lo necesario para poder mirarlo a esos ojos que adoro con locura y que me transmiten tanta paz. Acaricio su rostro, acerco mi boca a la suya, lo que de principio es un simple roce de labios poco a poco aumenta en ímpetu para ser un beso necesitado, lleno de amor y pasión. Me aferro a su cuello acercándolo más a mí, no me importa en donde estamos, o si alguien nos puede ver, necesito sentirlo cerca, saber que nos tenemos el uno al otro y que juntos podemos con todo lo que nos depara la vida.



 - Tati…Tati – dice entre besos tratando de separarnos – mi amor te aseguro que una de las cosas que mas quiero en este momento es hacerte el amor…

- Una de las cosas- repito aun saboreando sus labios – pues no te lo estoy impidiendo ¿o si? – expreso coqueta

- No, pero no me la pones fácil tampoco – dice con su voz aun mas ronca, esa voz que amo – pero también quiero saber el porque de tus desmayos, tus mareos… ¿hay algo que quieras contarme?

Suspiro pues sabía que no iba poder ocultárselo por mucho tiempo, además que se pondrá furioso por no haberlo mencionado antes. Intento bajarme de sus piernas para sentarme en la cama pero afianza su agarre mientras niega con la cabeza. Esta claro que no me quiere soltar. Así que ni modo, aquí vamos y que Dios me proteja porque de seguro se va a convertir en un energúmeno…
- No te quise decir nada para no preocuparte – me defiendo – además que no le di mayor importancia, con todo lo que…

- Tati deja de darle vueltas y dime – me interrumpe

- Esta bien…temprano me sentí mal mientras veníamos en el avión, me había levantado con intención de ir al sanitario a refrescarme un poco la cara…pero tan pronto entré al cubículo me dieron arcadas, solo te puedo decir que no quedo nada en mi organismo – termino explicándole

- Amor debiste llamarme, con lo que odias vomitar – me reprocha Leo

- Ya te dije no quería que te inquietaras, con lo de tu abuelo – me excuso encogiéndome de hombros

- Nada, óyeme bien nada ni nadie es mas importante que tu Tatiana, por mi se puede caer el mundo siempre y cuando tú estés bien.

- Te amo – respondo con sinceridad, él suspira totalmente desarmado por mi declaración, no era la respuesta que esperaba de mi parte.

- También yo nena, también yo – sonríe mientras levanta mi mano hasta rozar suavemente mis nudillos con su boca - ¿Por casualidad hay algo más que quieras confesar Sra. D’Lucca?

- ¿Yo? – Pregunto confundida – la verdad no, que yo recuerde.

Leo se me queda mirando como si pudiera leer mis pensamientos, OK hay veces que lo hace o al menos eso parece, pero de verdad no se qué más quiere que le diga, por lo que puede usar sus súper poderes telepáticos pues no encontrará nada. Pasa las manos por su cabello, lo conozco y se que esta pensando que palabras usar para decirme lo que sea que esté rondando en su cabecita.

- Tatiana será que por aquí me tienes el mejor regalo que se le pueda dar a un hombre enamorado – dice mientras acaricia mi vientre.

-¡Oh por Dios! Tú crees que estoy…- ni siquiera puedo decirlo – No, no es posible… No

- ¿Estás segura nena?

- No – llevo mis manos a mi adolorida cabeza pensando cuando fue mi último periodo, o lo que es peor aún mi última inyección – no lo sé , no lo sé – confieso ahora algo asustada.

- A ver no pongas esa cara de pánico, habíamos quedado en esperar un poco, pero tampoco es como si fuera la peor noticia del mundo ¿verdad? – insta muy feliz Leonardo por lo que eso supondría

- Claro que no – respondo inmediatamente - sólo que es un cambio de planes inesperado, por así decirlo.

- Pero de igual forma amado y bienvenido – aclara enseguida.

- Eso seguro – afirmo con franqueza, y de repente me emociona la idea de tener a un chipilín creciendo dentro mí

En ese instante se abre la puerta por la cual entra mi suegro acompañado de un joven doctor, que tan solo al ver la posición en la que estamos sonríe y niega con la cabeza. Ni siquiera trato de moverme pues conociendo a mi esposo como lo hago, no me deja moverme de aquí ni a la fuerza.

- Te lo dije Rick, que no te avisaría tan pronto se despertara, si por él fuera – expresa mi suegro señalando a mi divertido esposo – estaríamos horas esperando. ¿Cómo te sientes, hija? Vaya susto que nos diste – pregunta refiriéndose a mí.

- Un poco aturdida, con algo de dolor de cabeza, pero en general, bien – reconozco – lamento mucho todo esto – a lo que Arturo hace un gesto con la mano quitándole importancia.

- Buenas noches Sra. D’Lucca, mi nombre es Rick Anderson, soy el médico que la está atendiendo – se presenta el recién llegado profesional.



Es un joven doctor, alto, moreno y con unos hermosos ojos verdes que contrastan con su piel. Estoy casada, amo a  mi esposo pero no estoy ciega, si bien no es mi tipo, no puedo dejar de admitir que es un hombre guapo e interesante.

- Mucho gusto Dr. Anderson – le saludo estrechándole la mano.

- Por favor llámame Rick – pide amablemente – ahora, si este energúmeno lo permite me gustaría revisarte para que luego hablemos, aquí traigo los resultados de los exámenes que te realizamos mientras estabas inconsciente.

De nuevo estoy perdida ¿éstos dos de dónde se conocen? porque no creo que mi esposo permita que cualquier desconocido lo llame de esa manera e irse con sus dientes completos, o al menos con un buen golpe.

- Rick y yo estudiamos juntos el high school nena –explica Leo – si tienes permiso, pero manitas quietas Anderson que te conozco, no lo pensaré dos veces en dejarte un ojo morado, tampoco sería la primera vez – le dice al doctor en broma o eso espero.

- ¿Por qué siento que regrese unos quince años atrás? – se queja mi suegro – a ocuparse de Tatiana que es quien importa, estaré fuera. Compórtense chicos, que habrán crecido pero aún les puedo dar una paliza como a un par de críos  – amenaza mientras sale de la habitación.

- Eso es cierto – responden al unísono entre risas Leo y Rick, vaya par.

Mi esposo se levanta dándole un poco de espacio al profesional para que me examine, pero sin soltar mi mano. Un muy cuidadoso doctor revisa mis pupilas y reflejos, así como la herida en mi cabeza, todo en completo silencio.

Después de unos minutos nos indica que ha terminado, se coloca a los pies de la camilla, abre una carpeta llena de papeles que asumo es mi historia clínica, así como los resultados de los dichosos exámenes. Leo se acerca a mí para oír lo que su amigo nos tiene que decir.

- A ver Anderson, piensas estar allí toda la vida leyendo esos benditos papeles o vas a decirme que tiene mi esposa – interroga mi ansioso esposo.

- Siempre tan impaciente, pensé que al madurar aprenderías, pero está visto que no es así – se burla el Dr. Rick quien al ver la seriedad reflejada en el rostro de Leo decide continuar – en general todo salió bien, es decir los niveles están en parámetros normales, pero tengo una pregunta Tatiana, ¿usualmente tu hemoglobina es de cuánto?

- Generalmente de doce y los hematocritos alrededor de  cuarenta por ciento – respondo ante la atónita mirada de mi esposo- ¿qué? Son cosas que uno debe saber – me excuso.

- Eso es verdad – me apoya el amable Dr. Anderson, aunque creo lo hace mas por molestar a su amigo – que no lo sepas es tu problema – dice señalando a Leo

- Siempre ha sido alta, es lo único que puedo decirte – indica Leonardo de inmediato.

- Dieciséis, cuarenta y ocho por ciento de hematocritos – revelo ante las risas de este par de amigos, que puedo decir soy una esposa preparada.

- Bien, ya vemos que has hecho la tarea Sra. D’Lucca – bromea Rick – sabrás que con un nivel de nueve quiere decir que presentas un caso de anemia. No es nada de gravedad, solo debemos estar atentos, cambiar ciertos alimentos que te ayudan a aumentar el hierro en el organismo así como un suplemento del mismo.

Leonardo suelta el aire que ni cuenta me dí que había estado sosteniendo, me da besos en la frente, en la nariz para luego posar sus labios en los míos. Claramente esta noticia le ha quitado un peso de encima, a quien engaño yo también estoy mas tranquila.

- Con respecto a los otros resultados – duda en como dar la noticia – son negativos – concluye Anderson.

Nuestro médico nos entrega las indicaciones así como el récipe de las medicinas que debo tomar. Explica que debo volver en una semana a retirar los dos puntos que me tomaron en la frente, asegurándome que no se notarán en un futuro. Se despide de nosotros para ir a firmar el alta, que en un par de horas ya me podré ir a descansar a mi casa. 

Leo lo acompaña hasta la puerta despidiéndolo con un fuerte abrazo, me levanto de la cama donde he permanecido todo este rato. Mi esposo al ver mis movimientos se acerca presuroso a mi lado para ayudarme. Me quedo pensando en el último enunciado del médico, Los resultados son negativos… ¿Resultados de que? Rápidamente lo entiendo.

- No estoy embarazada – afirmo de prisa

- No, nena – confirma Leo con pesar.

Una lágrima que ni siquiera sabía que estaba asomada resbala por mi mejilla, me doy cuenta que esta noticia me entristece, ahora es un mar el que esta brotando de mis ojos. De inmediato Leonardo me abraza, me consuela sin decirle el porque de mi llanto, ya lo sabe.

- Nena no sabía que esta noticia te pondría así, sácame de dudas pero pensé que no querías hijos todavía.

- No me había dado cuenta que lo quería hasta que supe que no estoy embarazada – revelo con desánimo.

- Tan pronto como te sientas mejor, nos pondremos a practicar, por eso no te preocupes, cuando menos lo imagines tendremos una princesita por aquí – decreta un emocionado Sr. D’Lucca     

- ¿Por qué no un príncipe?
- Simple, porque por ahora quiero seguir siendo el único hombre de tu vida – responde con naturalidad.

Este esposo mío es imposible, no tenemos hijos y ya está celoso. Decido dejar el tema hasta allí, pues si no de aquí no salimos nunca. Tomo mi ropa que esta prolijamente doblada. Pese a mis quejas y deseos de ducharme y vestirme sola mí sobre protector marido no me quito un ojo de encima ni por un segundo, muchos menos permitió que ninguna enfermera se ocupara de ayudarme. Él se encargo de todo, estuvo a mi lado mientras me aseaba, insistió en secarme y luego vestirme. Ya cuando estoy terminando de maquillarme un poco, todo bajo la atenta mirada de mi vigilante, tocan la puerta.

Leonardo se encamina a ver quien es. Escucho a mi suegro saludar seguida de mi “querida suegra”, quien entra cual torbellino a la habitación, pronunciando mas palabras por segundo que las que seguro están registradas bajo algún record. Respiro profundo un par de veces, justo cuando decido salir mi tierno guardián viene a buscarme.

Apenas camino unos pasos cuando Arturo se acerca para abrazarme y decirme nuevamente lo preocupado que estaba. Me pide, casi me exige que no lo vuelva a asustar de esa manera. Debo admitir que los hombres de esta familia son clase aparte, los tres me quieren mucho y son correspondidos en la misma medida, ellos son mi familia. Emily Stone pues ella es…es simplemente eso Emily Stone.

- Querida vaya manera de hacer un regreso magistral – se acerca a saludarme con una fingida sonrisa

- Emily – la reprende mi suegro

- Yo solo digo, que nos preocupamos mucho, nada más llegas y te desmayas, menos mal ya se encontraban en el hospital – ironiza la flamante Sra. Stone

-  Mamá estamos cansados, preocupados y la verdad con muy poco humor para tus malos chistes y comentarios. Si te interesa saber Tati esta bien. Ahora quiero pasar a saber del abuelo para irnos a casa. Ha sido un día demasiado largo – anuncia molesto Leo

- Tranquilo amor, se que tu madre solo esta tratando de bromear para relajar un poco el ambiente – me acerco y la saludo – gracias por preocuparte Emily, muy considerada de tu parte.

Lo menos que quiero es problemas en la familia por el simple hecho de que mi suegra no me quiera, ya no hay nada que hacer, pues se apaña y listo. Ahora lo verdaderamente importante es que el nonno se recupere y estar aquí para él. Nada más.

Nos dirigimos hasta la sala de cuidados intensivos donde se encuentra el abuelo, hablamos con los médicos de guardia, los cuales no dieron noticias nuevas, aun están esperando que reaccione. Dentro de todo está estable, no presenta mejoría, pero tampoco ha surgido alguna complicación. Lo cual es buen síntoma.

Mi suegro decide quedarse un rato mas pero insiste que vayamos a descansar, que mañana es otro día y podremos volver, si hay algún cambio las enfermeras tienen órdenes de avisarle de inmediato. Bajo la promesa que nos llamaría por cualquier cosa nos despedimos para irnos a casa.

Ya es de noche por lo que me sorprende ver que del mismo  auto que nos trajo temprano se baja el Sr. Boavista a abrirnos la puerta para entrar en el. Vamos de camino al apartamento luego de indicarle al chofer la dirección. No se si es por el cansancio o que pero me duermo enseguida.

Siento que me llevan en brazos y es cuando me doy cuenta que hemos llegado. Intento bajarme pero mi caballeroso marido me sujeta mas firme.

- Tranquila nena, ya estamos por llegar – anuncia mientras oigo la campanilla del ascensor anunciando su arribo.
  
Hace maniobras para sacar las llaves de su bolsillo pero sin soltarme ni permitirme ayudarlo abre la puerta, le indica a un silencioso Robert que deje la maleta en la entrada. Ni sabia que nos estaba acompañando hasta acá. Lo despide diciendo que ya le avisara mañana a que hora lo necesitaremos, pero que a partir de allí esta liberado de sus responsabilidades. Que cualquier cambio le será notificado.

Cruzamos el apartamento hasta nuestra habitación. Al abrir la puerta quedo gratamente sorprendida. Todo el cuarto esta decorado con velas y pétalos de rosas por todos lados, pero lo que mas me ha dejado boquiabierta es que ha cambiado todo el mobiliario y la disposición del mismo.



Lo habíamos hablado mas de una vez, redecorar todo a mi gusto, mejor dicho al gusto de ambos mientras encontramos una casa que se adaptara a los dos. A pesar de que su anterior estilo está bien, Leo siempre quiso que le diera mi toque. Por eso estoy complacida que haya recordado algunos de los muebles que una vez mencioné, como la enorme cama blanca a juego con la inmensa alfombra del mismo color, en contraste con unas mesas de noche oscuras con grandes espejos.

- Bienvenida a casa Sra. D’Lucca – me dice al oído trayéndome al presente. Se queda parado detrás de mí tomándome de la cintura esperando mi reacción.

- Gracias Sr. D’Lucca, usted si que sabe hacer feliz a una mujer.

- Se como hacer feliz a mi mujer – me corrige mientras me guía hasta el baño, el cual está igualmente engalanado con mas flores y velas. La bañera llena y lista para usarse, por lo que asumo que definitivamente mi romántico esposo cuenta con una muy buena ayudante.

- ¿Cuándo hiciste la llamada para pedir esto? – pregunto mientras señalo a nuestro alrededor

- ¿Acaso importa nena? – Tiene toda la razón así que únicamente niego con la cabeza – solo quiero que te relajes, descanses, me dejes consentirte y complacerte en todo –

- Me parece un buen plan, sobre todo la última parte – le indico acercándome mas a su cuerpo

- Tati…Tati - suspira una y otra vez

Ignoro su llamado, comienzo a desvestirlo mientras paseo mis labios por su oído, cuello, mentón hasta llegar a su boca, esa que me vuelve loca, esa que sabe usar tan bien. Para este punto sus manos están aferradas a mi cintura como buscando reunir las fuerzas necesarias para negarse a mi silenciosa petición. Aún envalentonada empiezo a quitarme la ropa, hasta que sus manos en las mías me detienen.

-Nena…- puedo ver que esta luchando – nena, Tati no me lo hagas mas difícil – suplica

- ¿El qué? – averiguo haciéndome la inocente, mientras continuo acariciando sus brazos.

Mi cuestionamiento le hace abrir los ojos, que hasta éste momento tenía cerrados desde que empecé la tarea de despojarlos de sus prendas de vestir.

- Amor estás convaleciente, estuviste inconsciente por más de una hora, te tuvieron que coser dos puntos, no quiero que te sientas mal…debes descansar – explica luego de unos minutos

- Prometo dejar que seas tu quien haga todo, yo simplemente me dejare querer – mi solicitud lo hace reír

- Por muy tentadora que suene tu propuesta…

- Leo quiero que me hagas el amor como solo tú lo sabes hacer pausado, lento, cariñoso – lo interrumpo mientras poso mis manos a cada lado de su cara para poder mirarnos a los ojos – muero por tus besos, por tus caricias necesito sentirte, sé que serás cuidadoso…confío en ti.

Sin pronunciar mas, Leonardo me besa, me lleva en brazos hasta depositarme en nuestra nueva y bonita cama.

- Voy a llevarnos al cielo y de regreso nena, tú solamente déjate hacer – propone con la voz ronca cargada de deseo.

Debo confesar que no solo cumplió a cabalidad su promesa, sino que fue aún más allá. A pesar de ser en extremo mucho más cuidadoso que de costumbre, debo admitir que no hubo un fragmento de mi piel que no fuera besada, se dedico en exclusivo a adorarme con sus manos, labios…y otras partes de su hermosa anatomía.   

Estamos acostados con brazos y piernas entrelazadas, descansando algo adormilada en su pecho mientras Leonardo sutilmente acaricia mi espalda desnuda, mientras nuestras respiraciones se sosiegan, hasta que luego de unos minutos decido romper el silencio.

- Me encanta como quedo nuestra habitación Leo, gracias por siempre estar un paso por delante.

- Solo quise darte una sorpresa con algunos cambios, pero aún faltan muchos. Menos mal que pedí que comenzaran con nuestro cuarto porque con nuestro regreso repentino de seguro hubiéramos tenido que ir a un hotel – confiesa entre risas – la cocina esta lista también espero sea como la querías, sino podemos redecorarla nuevamente.

- Amor seguro que si- lo tranquilizo - además ya te había dicho que no hay que hacer grandes cosas, siempre me ha gustado la decoración del apartamento, y si sigues con la idea de  comprar una casa, no veo la necesidad de gastar más.

- Quiero que seas feliz y te sientas a gusto, que cada día anheles regresar a casa – me brinda una mirada llena de amor

- Siempre voy a desear volver al lugar donde tú estés, no importa si es un apartamento, una casa, o una simple habitación – asevero – tú eres mi hogar, siempre quiero volver a ti, my home.

Luego de nuestra pequeña charla no se en que momento mis cansados parpados cedieron ante el cansancio. Siento unos besos y caricias en mi espalda, a lo lejos escucho la voz sexi de mi esposo que me llama, pero estoy tan agotada, que solo consigo murmurar un mínimo y apenas audible mmm.

- A ver princesa, necesito que al menos tomes estas pastillas, ya luego puedes continuar descansando – me dice entre mimos – nos quedamos dormidos y ya se te ha pasado la hora nena, vamos.

A regañadientes me siento, pero sin abrir los ojos tiendo mi mano para que me la medicina, así puedo volver a los brazos de Morfeo.

- Déjame ayudarte amor – solicita Leo mientras lleva lo que supongo son los analgésicos a mi boca, seguido de un fresco vaso con agua – ahora si Tati acuéstate

Me da un pequeño beso en los labios y acaricia mi mejilla, automáticamente abro los ojos, mi adorado marido está aun prácticamente cernido sobre mi, por lo que lo tomo del cuello para acercarlo nuevamente a mi para poder besarlo, besarlo de verdad.

Nos separamos con la respiración agitada, la habitación esta cargada de deseo, hasta que el estomago del Sr. D’Lucca decide hacer acto de presencia rugiendo de manera sonora, lo que hace que los dos nos carcajeemos.

- Me parece que hemos olvidado a alguien que también debemos alimentar – expreso mientras nos sentamos

- Creo que tienes toda la razón, hoy fue un día de locos, con tanto ajetreo no comimos – se justifica     

- ¡Vamos! – lo invito mientras me levanto – de seguro algo encontraremos en la nevera o despensa para saciar a mi hombre.

- Solo el hambre nena – me corrige – de ti nunca tendré suficiente, ni las nueve vidas de un gato me alcanzarían, siempre quiero más y más de ti.

Me coloco una bata, mientras que Leo se viste únicamente con un pantalón de pijama, que hace que quiera regresarme a la habitación. Son pasadas las dos de la madrugada, pero eso no evita que preparemos un suculento como llamarlo, pues aunque no hemos comido en horas, ni es cena ni desayuno, tentempié de medianoche.



Optamos por algo no muy elaborado, pero igualmente delicioso, unas tostadas francesas, las cuales acompañamos con frutas, miel y un poco de crema. A pesar de ser una comida sencilla y rápida de preparar, entre caricias, besos y arrumacos nos toma más tiempo del necesario, en mi defensa debo alegar que ese torso desnudo me desconcentraba a cada instante, ya no sabía si tocaba remojar el pan en leche, en el huevo, o simplemente ponerlo a sofreír en la mantequilla.



Luego de unas cuantas tostadas quemadas o bien cocidas tiradas a la basura, algún que otro desastre en la nueva, hermosa y súper blanca cocina, resolvemos sentarnos en el piso, sobre un improvisado mantel a degustar nuestra comida entre risas y mimos.



Ya cuando decidimos que por más que así lo quisiéramos el piso no ablandaría y que era hora de descansar un poco para volver al hospital estaba prácticamente amaneciendo. Nos acercamos a unos de los grandes ventanales que bordean nuestro apartamento para de esa manera poder admirar el magnífico horizonte teñirse de sublimes colores naranjas. 

- ¡Que maravilloso amanecer! – expreso abrazada al amor de mi vida.

- Lo realmente maravilloso es poder compartirlo contigo nena – acota Leonardo mientras se coloca frente a mi y me rodea con su brazos – Te amo Tati – dice y me besa en la cabeza.

- Yo también Leo – respondo mientras acaricio sus manos que están sobre mi cintura, con el firme pensamiento que todo saldrá bien mientras nos tengamos el uno al otro.




Susana Mohel es un honor poder contar contigo, GRACIAS por TODO.


Nos vemos el próximo miércoles 23 de abril con el siguiente capitulo.

miércoles, 9 de abril de 2014

Capitulo XI







                                                       
Cambio de planes inesperados…

Estoy asombrada de ver al Capitán Meyers acompañado de su primer oficial. Nos saluda cordialmente. Lo invitamos a pasar a la salita para hablar mejor.

- Que sorpresa tenerte por acá tan temprano Nic, pero por la seriedad de sus rostros no creo sea una visita de cortesía.  ¿Qué sucede? – pregunta Leo, siempre directo al grano




- Tienes razón Leonardo, no hemos venido sólo a saludar. Tengo noticias y no son muy buenas – responde cauteloso nuestro amigo oficial – se trata de tu abuelo.

- ¿Qué le sucedió? – expreso preocupada, acercándome a mi esposo, quien me toma las manos y las besa, esta extrañamente calmado.

- Sin rodeos Capitán, por favor – solicita mi ansioso marido.

- Ha sufrido un ACV, lo tienen internado en Terapia Intensiva. Su pronostico es reservado – explica con pesar – ya he hecho los arreglos para su traslado a Miami.

Escucho que tocan la puerta, deben ser los esposos Owen, le señalo a mi abrumado esposo que voy a abrir. Además de explicarles el inesperado cambio de planes.

Al abrir la puerta me encuentro con unos muy risueños Kate y James que al ver mi cara, cambian inmediatamente su expresión por una de preocupación. Les hago señas para que me acompañen en silencio, nos sentamos en la cama, de esa manera les doy un poco de privacidad a Nicolas y a Leonardo para que terminen de conversar.

Les explico lo ocurrido con el abuelo Angelo. Que debemos viajar inmediatamente a Miami, por lo que nuestra Luna de Miel esta oficialmente suspendida, de igual manera nuestros planes para hoy y el resto de los días que quedan de crucero. Me excuso un momento con ellos para acercarme donde esta mi esposo, pero al levantarme observo que él ya viene en mi encuentro.

Leo me abraza fuertemente, se que esta muy preocupado, para que negarlo yo estoy igual. Me separo lo suficiente para darle un beso en sus labios y susurrarle Te amo. Él me besa la frente y me responde un Yo también. Aun con sus brazos rodeando mi cintura saluda a los esposos Owen.

El Capitán Meyers se acerca a saludar también a nuestros invitados y se despide para continuar con sus labores.

- Leo no te preocupes por tus pertenencias, puedo mandar alguien de mi entera confianza para hacer las maletas y hacértelas llegar. Yo mismo me encargo de los objetos de valor si así lo prefieres – nos anuncia antes de irse.

- Gracias Nic, voy a tomar tu palabra, únicamente me llevaré lo necesario – Leonardo le da un abrazo con una sola mano, pues con la otra esta aferrado a mi – Gracias por todo.

- No hay de que muchacho, No hay de que. – expresa Nicolas con pesar antes de irse.

James se encarga de acompañar a los oficiales hasta la puerta. Kate cautelosamente nos deja solos. Leo suspira frustrado, pasando las manos por su cabello. Se sienta en la cama, extiende su brazo para que lo acompañe. Sin dudarlo me acerco sentándome en su regazo, acaricio lentamente su cabeza. Así permanecemos en silencio unos minutos, sé que los necesita para asimilar la noticia.  

Me siento impotente, pues se que no hay nada que pueda decir para mejorar la situación. El Sr. Angelo es muy importante para Leonardo, ha sido su mayor influencia y su roca en todo momento.

- El abuelo no está bien, nena – rompe el silencio – los médicos dicen que hay que esperar, pero ciertamente no tienen muchas esperanzas de que despierte – confiesa con desolación

- La esperanza es lo último que se pierde Leo, no podemos darnos por vencidos, te aseguro que el nonno en este momento esta luchando – trato de animarlo, y para que negarlo animarme a mi misma – siempre ha sido muy fuerte, no creo que le guste enterarse que estas tan decaído – le tomo la cara con mis manos para darle un casto beso en los labio, hago el amago de levantarme y así prepararnos para partir, pero mi esposo me lo impide.

- Gracias por tus palabras Tati, tienes razón. No debemos perder la fe -  dicho esto me abraza fuertemente.

- Eh disculpen chicos – nos interrumpe Kate – si están de acuerdo James y yo podemos hacernos cargo de empacar sus cosas para entregárselas al capitán. No sé tú Tatiana pero lo que soy yo no me sentiría cómoda con alguien extraño hurgando en mi ropa interior – enseguida recibe un leve codazo de un muy serio Sr. Owen como reprimenda - ¿Qué? Es verdad, se que no somos las mejores amigas, pero al menos soy mujer – expone encogiéndose de hombros.

- Gracias Kate, si no es molestia la verdad prefiero que seas tu quien se ocupe de esto. Y con respecto a lo otro, yo diría que aun no somos las mejores amigas, aunque espero podamos llegar a serlo – es la verdad, a pesar de nuestro comienzo y que sea hermana de esa me cae muy bien, no puedo culparla por algo que ella no ha hecho; la familia no se escoge, los amigos si.

Seguimos charlando unos minutos mas, me doy cuenta que mi querido marido no se encuentra en la habitación, justo cuando voy a buscarlo lo veo salir del cuarto de baño cambiado y listo para emprender el viaje. Está muy guapo con pantalón y camiseta oscura, su chaqueta caqui le da un toque casual. Su mirada denota preocupación, pero sin dejar de verse sexi con su barba de dos días. Se que no es el momento pero juro que quiero comérmelo, de pies a cabeza. Como si leyera mis pensamientos me guiña un ojo y se ríe. Le lanzo un beso como respuesta.



Me dirijo al vestidor para cambiarme de ropa, pues con este minúsculo vestido dudo mucho que mi adorado marido me deje viajar, además de seguro iremos directo al hospital. Nada más de imaginar la cara de mi suegra al verme en estas fachas hace que me den ganas de quedarme así. Aunque ahora que lo pienso no se si me habrán empacado algo que no sea de playa, rebusco entre las prendas.

Frustrada me siento en el piso, respiro profundo pues se que debo ser fuerte por Leonardo, pero esta noticia me tiene mal, le he tomado mucho cariño al Nonno D’Lucca, tan sólo de imaginar que…mejor no voy a ese lugar, debo ser optimista – me regaño internamente-

- ¿Tati, estás bien? -  me sorprende Leo mientas estoy aun sentada en el suelo

- Si si…bien – respondo rápidamente, no quiero que se de cuenta que he llorado, así que intento levantarme, tarde pues ya tengo a un preocupado esposo sentado a mi lado

- Nena, cuantas veces debo decirte que mientes fatal – trata de aligerar el ambiente

- Es que no se que ponerme, no se si la Sra. White metió algo decente que ponerme para ir al hospital – intento descaradamente engañarlo

- Amor por mi puedes venirte así mismo como estas, no me importaría menos, pero se que no es eso lo que hizo que llores – dice mientras limpia unas osadas lagrimas que han escapado de mis ojos ¡Traidoras!

- Lo siento Leo, de verdad lamento mucho lo que esta pasando con el abuelo, ojala pudiera hacer algo para ayudarte, en vez de ponerme a llorar – confieso apenada

- Tati sólo necesito que estés a mi lado, tu eres mi fuerza, si te tengo a ti puedo contra todo – me reconforta – además se lo mucho que lo quieres, en él has visto la figura paterna y el abuelo que nunca tuviste a tu lado. Ese viejo te adora con su vida, así que lo mismo va contigo, ánimo nena

- Debería ser yo la que te de consuelo y no al contrario – es mas un reproche para mi – pero es que no asimilo aun la noticia, no entiendo que paso

- Nic no sabe mucho, al parecer el nonno tuvo una fuerte discusión y eso desencadeno todo esto. Ya al llegara alla conoceremos los detalles – se levanta y me lleva con el – ahora termina de arreglarte que ya estamos por llegara puerto. No te mortifiques por la ropa, si es necesario pasamos por el apartamento – dice leyendo mis pensamientos referente a que ponerme.

- De seguro encuentro algo aquí, así que no te preocupes por eso.

Sale del vestidor, a pesar de la calma que aparenta se que por dentro esta agonizando. Diosito que todo salga bien repito en mi mente una y otra vez, Por favor Virgencita intercede por el abuelo Angelo, no lo abandones pido una y otra vez.

Recojo algunos objetos personales los coloco en las cama mientras saco una de las maletas pequeñas para poder guardarlo. Mientras estoy alistando la ropa Kate regresa conmigo.

- Tomate esto Tati -  dice mientras me entrega una taza de un cremoso café con leche, que huele divino.



- Gracias! – me siento de nuevo en el suelo del vestidor para degustar mi deliciosa bebida

- ¿Cómo estas? – pregunta preocupada – Leonardo esta serio, tenso y muy nervioso, te juro que si sigue caminando de un lado a otro va a abrir que digo un hueco, una zanja en la sala de la habitación. Y tu te has puesto a arreglar las cosas, por favor alguno de los dos puede gritar, llorar, enojarse o algo – suspira frustrada

- No se como ayudar, ni que hacer o decir para que Leo se sienta mejor, porque aunque no lo aparenta, esto lo está matando por dentro – es mi sincera respuesta.

- Tatiana nada de lo que digas o hagas harán que el Sr. Angelo se recupere, solo deben rezar, no perder la fe y darse apoyo, estar allí el uno para el otro.

- Tienes razón, de nuevo Gracias por todo. Por estar pendiente y por ofrecerse a empacar todo este desastre – señalo el vestidor que de tanto rebuscar lo he dejado como la habitación de unas quinceañeras morochas.

- No hay de que mujer, hoy mismo nos encargamos de eso – toma la taza vacia de mis manos y se dispone a salir – termina de alistarte para que comas algo con tu esposo, no es buena idea se vayan con el estomago vacío, les viene un largo y difícil día.

Me levanto, tomo la ropa y me dirijo al baño a cambiarme. Me decidí por un jeans, una blusa blanca y zapatos de color coral, bueno tampoco es que hubiera mucho de donde escoger, o con que ponerme a escoger, así que ira bien. A la que no le guste…pues que no me vea. Hay cosas mas importe que atender y por las que preocuparse.




Al salir del tocador, veo que mi adorado esposo esta en el balcón, con la mirada perdida en el horizonte, nuestros amigos Owen están discretamente sentados en la sala, apoyándonos pero tratando de darnos espacio. Abro la puerta de vidrio que me separan del hombre que me quita el sueño. Me acerco para abrazarlo por la espalda. El parece no notarme o esta demasiado abstraído en sus pensamientos. Le doy un beso en el medio de su sexy espalda, mentalmente me castigo por mis pensamientos, Dios no es momento para eso me regaño a mi misma.


- Me da miedo que no podamos llegar a tiempo. Y si no tenemos un momento para despedirnos antes de…- no puede terminar su oración, pues a mi amado Sr. D’Lucca se le quiebra la voz, por la tensión en su cuerpo se que a pesar de todo su esfuerzo hay algunas lagrimas corriendo por su rostro.

- Podremos estar allí para ver y ayudarlo en su recuperación – me giro para quedar frente a mi triste esposo – ya veras como todo esto no será más que un mal recuerdo. No perdamos la fe amor, no la perdamos.

Después de darle un casto beso, nos fundimos en un calido abrazo, trato de darle con ello el valor y la fuerza que le proferí con mis palabras, aunque no si se sólo eran para él o para los dos. Trato de no romperme y ser fuerte, pero no estoy muy segura que las cosas salgan bien. Tan perceptivo siempre, como si le leyera mis pensamientos, Leonardo besa mi cabeza y me susurra una y otra vez Todo saldrá bien nena. Pero el tono de su voz me dice lo contrario.

Nos despedimos de los esposos Owen, con la promesa de reunirnos apenas regresen del crucero a Miami. Intercambiamos números de teléfono y dirección de e-mail, para de esa manera mantenernos en contacto.  Le damos las gracias a nuestro querido Capitán por todas tus atenciones para con nosotros durante nuestros días a bordo así como por la preparación de todo los preparativos para nuestro inadvertido regreso.

- No hay nada que agradecer, Leonardo tu eres como familia para mi, ahora también lo eres tu Tatiana – afirma Nicolas – es una lastima que su luna de miel se vea opacada por esta situación, pero estoy seguro que Angelo se repondrá muy pronto. Conociéndolo como lo hago no se perdonara haberles arruinado el viaje.

- Eso es lo de menos Nic, tenemos toda la vida para estar juntos, eso es lo importante -  sentencia Leonardo abrazándome y dándome un beso en la sien.

- Así mismo es muchacho, pero no tendrán que esperar tanto. Ya hice todos los arreglos para que cuando gusten tomen el crucero. Solamente deben avisar con un poco de antelación la fecha que deseen, para tener todo dispuesto – anuncia nuestro querido Capitan Meyers

- No es necesario de verdad, conozco las políticas de los cruceros…

- No quiero excusas Leonardo D´Lucca – lo interrumpe - se lo terco que puedes llegar a ser, pero en esto no hay nada mas que hablar, esta hecho.

- Muchas gracias Nic, por todo – le doy un sentido abrazo – esperamos tu visita cuando regreses a Miami. Tenemos una comida pendiente.

- Además se que al nonno le va a encantar verte – interviene mi esposo.

- Eso seguro muchacho.

Con la promesa de igual mantenerlo informado sobre la evolución de la salud de su amigo y los planes de un próximo encuentro, nos despedimos.

Al llegar al pequeño aeropuerto una avioneta privada nos espera en la pista para llevarnos de regreso a los Estados Unidos. A Pesar de ser pequeña la aeronave es agradable, unas cómodas butacas como las de primera clase, al fondo un sanitario, viaja con nosotros a demás del Capitán y su copiloto una azafata que nos brinda algo de beber y un aperitivo, el cual ambos rechazamos, en estos momentos nada me apetece. 



Leo le solicita a la amable señorita su bebida favorita, a pesar de que es muy temprano para beber se que el whisky es la única cosa que lo puede relajar en estos momentos. Yo opto por un café bien cargado.

El viaje se nos hace eterno, Leonardo no deja de moverse en su asiento, se que le pican los pies por caminar de un lado a otro, esto de esperar no se le da muy bien. El capitán nos informa que en menos de una hora estaremos aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Miami. Lo cual es una gran noticia, pues no se si son los nervios por todo pero no me siento nada bien, me levanto para ir al sanitario, quizás el refrescarme un poco la cara me ayude. Pero nada mas entrar en el cubículo mi cuerpo decide regresar el escaso alimento que he ingerido hoy. Saco el cepillo de dientes de mi cartera, me aseo un poco y me dirijo a mi asiento, decido no decirle nada a mi esposo para no preocuparlo.

- ¿Todo bien nena? – pregunta Leo en cuanto me siento

- Si amor todo bajo control – odio mentirle, pero no quiero  alarmarlo

- No te ves bien Tati, estas pálida – se levanta en el acto, se acerca a mi butaca, me toma en sus brazos y se sienta conmigo en su regazo

- Creo son los nervios, todo esto me tomo por sorpresa. Al regresar del baño me maree un poco es todo – le acaricio el cabello para que no note mi nerviosismo, si continua preguntando e insistiendo se dará cuenta que le estoy mintiendo.

A Leonardo parece no gustarle mucho mi respuesta, pues toma mi cara entre sus manos para examinarme detalladamente, clava en mí sus hermosos ojos, que hoy lucen atormentados por toda la situación. ¿Por qué demonios tengo que venir a enfermarme ahora yo?

Sin dejar de mirarme con sus pulgares acaricia mis mejillas. Me desarma complemente con ese gesto por lo que cierro los ojos pues no quiero que sepa que le estoy ocultando algo, es verdad lo que dicen “Los ojos son el espejo del alma” Leo me conoce demasiado y no tardara en saber la verdad, pero mientras pueda darle algo de paz en estos momentos de angustia, hare lo que sea necesario.

Me recuesto en su pecho sin levantar mis parpados, no se en que momento me quedo dormida en mi lugar favorito, los fuertes brazos de mi amado esposo que me brindan la seguridad que necesito. Siento unas caricias en mi espalda, a lo lejos un susurro que me trae de nuevo al presente.

- Nena, despierta debemos bajar – repite Leonardo una vez mas

Me despierto sobresaltada e intento de un brinco ponerme de pie, pero las tibias manos de mi marido me lo impiden. Abro los ojos mirando en todas direcciones, es cuando me doy cuenta que hemos aterrizado y que aun estoy en el regazo de un sonriente Sr. D’Lucca.

- Me alegro te sirva de entretenimiento – finjo estar molesta, pero si debo vestirme de payasa, ponerme peluca y hasta nariz roja sólo para que el hombre que me tiene en sus brazos me brinde la sonrisa que tiene en estos momentos en sus labios, pues pásenme el disfraz que me lo pongo ya.

- Eres preciosa hasta cuando aparentas estar enojada – me descubre Leo sin dejar de reír –

- !Eres imposible! – nuevamente intento levantarme haciéndome aun la que estoy molesta, pero mis risas me delatan – a todas estas ¿cuando aterrizamos? ¿Por qué todavía estamos así, y no cada uno es su lugar con el cinturón abrochado como dictan las normas de seguridad? – pregunto señalándonos

- Respondiendo por orden, llegamos a penas, y con respecto a lo segundo, estabas tan cómoda que tuve que pelear y de que manera con la azafata para que nos dejara descender contigo sentada en mi brazos. Únicamente tuve que reclinar el asiento a su posición original y ni eso lo notaste.

- Lo lamento, no sabia que estuviera tan cansada – confieso algo avergonzada.

- ¿Cómo te sientes? – consulta

- Mejor, gracias por velar mi sueño – digo mientras le doy un beso en su mejilla

- Siempre – es su respuesta – ahora si arriba antes que manden a la policía a sacarnos de acá.

Tomamos nuestra maleta, salimos a hacer el papeleo necesario, luego de unos veinte minutos ya estamos saliendo en busca de un taxi, pero para nuestra sorpresa afuera hay un chofer con un cartel en el que se lee Sres. D’Lucca. Nos acercamos a él, para saber si es a nosotros a quien espera, aunque no es un apellido usual aquí en Miami, tampoco es que seamos los unicos.

-Buenos días Sres. D’Lucca – dice el joven a penas nos llegamos a su lado – mi nombre es Robert Boavista, el Capitán Meyers me contrato para estar a sus servicios por el día de hoy y los que sean necesarios de acuerdo a sus necesidades

- Buenos días, mucho gusto Robert, soy Leonardo D’Lucca y ella mi esposa Tatiana – indica mi esposo dándole un apretón de manos – por los momentos vamos al Jackson Memorial Hospital ya lo demás lo veremos en el camino.

- Mucho gusto Sra. -  hace un gesto tocándose la gorra con la mano a modo de saludo al cual respondo con un Hola acompañado de una sonrisa  - ¿el resto de su equipaje? 

- Sólo esta pequeña maleta – señala mi esposo mientras se la entrega.

Sin mas el chofer se gira, empieza a caminar en dirección a una limusina Mercedes Benz que esta estacionada a unos cuantos metros, parece más bien un auto de lujo, gentilmente nos abre la puerta, Leo me ayuda a subir para luego él sentarse a mi lado. El joven guarda nuestro solitario equipaje en el maletero, acto seguido se sube delante del volante y emprendemos el viaje.



Durante todo el camino vamos tomados de la mano, de momentos Leonardo las levanta para acercarlas a sus labios y darme un beso en los nudillos. A medida que nos vamos acercando a nuestro destino puedo notar que el nerviosismo de ambos va en aumento. Me acerco mas a mi esposo, necesito sentirlo mas cerca, pero sobre todo hacerle sentir que no importa lo que pase estoy aquí con él, hoy y siempre.

El auto se detiene frente al hospital, a lo que Robert se apresura en abrirnos la puerta para poder bajar. Y se despide dándonos una tarjeta con su número de teléfono, e indicándonos que estacionara esperando indicaciones. Que nos preocupemos por nada, que si necesitamos que traiga comida o cualquier cosa esta allí para eso. Se va sin más.

El rostro de Leonardo esta tenso, al igual que el resto de su cuerpo, hasta podría jurar que desde esta mañana le ha salido alguna cana. Estamos tomados de la mano y aun nosotros estamos de pie sin poder movernos ni un centímetro. Decido ser quien dé el primer paso. Le proporciono un pequeño apretón para llamar su atención. El voltea a mirarme, y en sus ojos veo algo que jamás había notado el miedo.

- Ey estoy aquí contigo, juntos en las buenas y las malas. Siempre – le repito esa palabra que me dice constantemente para confortarme.

- Lo se nena, gracias – responde sin mucho animo

- Te Amo Leo, nunca lo olvides

- También te amo Tati, más que nada en el mundo

Como si estas palabras le dieran la fuerza necesita, camina con paso decido, su semblante cambia totalmente, de nuevo vuelve a ser el regio e imponente Sr. D’Lucca, el importante socio de una de las mayores y mas importantes oficinas contables del país. Ese hombre intenso, seguro de si mismo del que me enamoré perdidamente.

Llegamos al primer puesto de enfermeras para averiguar sobre el abuelo. Después de explicarles y demostrarles el parentesco, pues  de acuerdo a las políticas del hospital no dan información de los pacientes al menos que sean familiares directos. La resignada enfermera nos notifica que el Sr. Angelo esta en la unidad cuidados intensivos de Neurología, que se ubica en ala este, cuarto piso. Nos explica que las visitas están suspendidas por órdenes medicas, pero que los familiares normalmente se quedan en el área de espera del mismo piso.
Sin darme chance de siquiera agradecer a esta paciente mujer que soporto el mal humor de mi esposo, sus malas caras y gestos exasperados; nos dirigimos o mejor dicho Leonardo me arrastra hasta el lugar que nos indicaron hace un instante. Al menos puedo girarme y gesticular un Gracias y decirle adiós con la mano a esta amable señora, que solo ríe mientras niega con la cabeza. Supongo que debe tratar con todo tipo de personas exasperadas por saber de sus familiares internados aquí.

Al llegar al elevador que nos guiará hasta el  piso donde tienen al abuelo ya estoy jadeando, pareciera que hubiera corrido un maratón en vez de caminar a través de los largos pasillos de un hospital. Mientras que mi no muy simpático esposo está como si nada, definitivo debo hacer algo mas de ejercicio.

- No tenías que portarte tan cortante con la pobre enfermera Leo, sólo esta cumpliendo su trabajo – le reprocho apenas subimos al ascensor –

- Es que casi me pide el árbol genealógico de la familia D’Lucca – se excusa

- Exagerado, pidió identificación con foto, sólo eso – intenta decir algo pero se lo impido – entiendo que ya quieras llegar donde el nonno, pero no por eso debes ir atropellando a los demás. Y muchos menos arrastrar a tu esposa como un poseso por todo el lugar – bromeo para aligerar el ambiente

- Y el exagerado soy yo, definitivamente te hace falta ejercicio para lograr mas resistencia nena – anuncia como siempre leyendo mis pensamientos, ¿o lo dije en voz alta?

No puedo responderle pues las puertas se abren y de frente nos encontramos con un abatido Arturo D’Lucca, que se sorprende al vernos aquí.



- A ver  ustedes par de tortolitos ¿que se supone que hacen aquí? – pregunta con evidente curiosidad

- Papá de verdad pensaste que no vendríamos al saber el estado del abuelo – responde Leo dándole un fuerte apretón

- No debieron suspender su viaje, por eso no les avisé – alega mi suegro sin separarse de su hijo – ven también mi niña – dice mientras me une al abrazo de estos dos hombres que por sobre la ropa irradian tensión y preocupación.

- ¿Cómo estas Arturo?  ¿Qué novedades hay del abuelo? – cuestiono de inmediato

- Vengan vayamos a tomarnos algo y les doy los detalles – propone mi suegro – que feliz estoy de verlos – confiesa luego de unos segundos

Bajamos a la segunda planta donde hay una pequeña cafetería, ordenamos nuestra ronde de cafeína y nos sentamos. No sin antes discutir con mi esposo que insiste en que coma algo, pero la verdad aun mi estomago no se repone del todo. Por lo que un simple café con leche tendrá que servir.

 Arturo nos cuenta que hace dos días, el Nonno sufrió el infarto cerebral, no entienden que lo ocasionó, estaba en casa trabajando en el despacho, al parecer se sintió mal y fue Emily quien llamo a la ambulancia que lo trasladó hasta aquí. Mi suegro estaba en la oficina cuando recibió la noticia.

La salud del abuelo no está en su mejor momento, los médicos han hecho lo posible por mantenerlo estable, pero aun no ha reaccionado y no saben a ciencia cierta la magnitud de los daños. Según los estudios médicos pudiera presentar hemiparesia (perdida de fuerza en una pierna o en un brazo), afasia (dificultad para expresarse o entender lo que dicen), dificultad de caminar, perdida de equilibro o coordinación, entre otras cosas. Por eso es primordial que despierte cuanto antes.

- Lo que no logro entender es porque le ocurrió esto, si hay alguien que se cuida al máximo es el abuelo, come sano y hace ejercicios. Ni siquiera se enoja – alega preocupado Leonardo.

- Amor todos estamos propensos a eso, independientemente de lo mucho que nos cuidemos, a lo mejor una subida de tensión lo ocasiono, he leído que eso puede suceder como detonante para un ACV (Accidente cerebro vascular) – le indico.

- Ahora lo que importa que despierte y se recupere, ya luego sabremos que lo causo -  explica Arturo – además de regañar a tu madre, por que estoy seguro que ella fue quien les aviso de todo esto

- Papá eso no importa ahora, lo único que quiero es verlo. Crees que me puedas conseguir un pase para saludarlo, al menos unos minutos. – solicita mi preocupado esposo.

- De seguro algo podremos hacer – concluye mi suegro.

Seguimos conversando unos minutos más, antes de subir para pedir el permiso especial para que Leo pueda ver a su abuelo, se que aunque sea a hurtadillas o pagándole a alguien, pero este hombre de aquí no se mueve hasta que logre su cometido, si sabré yo lo tenaz que puede llegar a ser cuando se propone algo.

Llegamos al cuarto piso directo a hablar con el médico  encargado del caso, luego de las presentaciones Arturo le explico todo con lujos y detalles, cuando digo todo es que le contó al doctor que interrumpimos nuestra luna de miel para venir a estar con el abuelo. El medico después de una rato decide dejar pasar a Leo a ver al nonno pero únicamente unos diez minutos y que por favor no haga ni diga nada que lo pueda alterar.

Nos despedimos de Leonardo quien es escoltado por el doctor una enfermera hacia el área de cuidados intensivos, mientras que mi suegro y yo nos dirigimos a una pequeña sala. Una vez allí comienza el interrogatorio sobre nuestra corta travesía. Le cuento con detalle las cosas que hicimos, obviando unas que solo nos competen a mi esposo a mí, dudo mucho que Arturo quiera conocer esa faceta de su hijo.

Los diez minutos pasan volando y Leo está entrando al salón, se ve notoriamente afectado, no es fácil que una persona tan importante y querida para ti esté postrada en una cama, sin saber a ciencia cierta si despertará o bajo que condiciones lo hará.

Rápidamente me levanto para recibirlo, cuando de repente siento que toda la habitación da vueltas, todo se vuelve negro, lo último de lo que escucho al unísono es un “Nena, Tati” provenientes de mi esposo y suegro respectivamente.    
  




Como siempre agradecida con mi súper manito correctora, la segunda voz  en mi cabecita y mí gran apoyo Susana Mohel.

Así como a mis pacientes amigas lectoras, que supieron esperar a que mi mente pudiera estar a la altura de lo ustedes se merecen GRACIAS.

Nos vemos el próximo miércoles 16 de abril con el siguiente capitulo.




miércoles, 2 de abril de 2014

NUEVAS PUBLICACIONES

COMUNICADO!!!


Hola mis querid@s amig@s lector@s me complace comunicarles que apartir del proximo  9 de Abril continuaremos publicando la historia de Leonardo y Tatiana, en su mismo horario los dias miercoles.

Gracias por su comprension, apoyo y sobre todo la paciencia pro esta larga espera a las que me vi obligada a someterl@s. 

Los espero la otra semana para seguir disfrutando esta historia que apenas comienza.

Besos y un fuerte abrazo...