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miércoles, 9 de abril de 2014

Capitulo XI







                                                       
Cambio de planes inesperados…

Estoy asombrada de ver al Capitán Meyers acompañado de su primer oficial. Nos saluda cordialmente. Lo invitamos a pasar a la salita para hablar mejor.

- Que sorpresa tenerte por acá tan temprano Nic, pero por la seriedad de sus rostros no creo sea una visita de cortesía.  ¿Qué sucede? – pregunta Leo, siempre directo al grano




- Tienes razón Leonardo, no hemos venido sólo a saludar. Tengo noticias y no son muy buenas – responde cauteloso nuestro amigo oficial – se trata de tu abuelo.

- ¿Qué le sucedió? – expreso preocupada, acercándome a mi esposo, quien me toma las manos y las besa, esta extrañamente calmado.

- Sin rodeos Capitán, por favor – solicita mi ansioso marido.

- Ha sufrido un ACV, lo tienen internado en Terapia Intensiva. Su pronostico es reservado – explica con pesar – ya he hecho los arreglos para su traslado a Miami.

Escucho que tocan la puerta, deben ser los esposos Owen, le señalo a mi abrumado esposo que voy a abrir. Además de explicarles el inesperado cambio de planes.

Al abrir la puerta me encuentro con unos muy risueños Kate y James que al ver mi cara, cambian inmediatamente su expresión por una de preocupación. Les hago señas para que me acompañen en silencio, nos sentamos en la cama, de esa manera les doy un poco de privacidad a Nicolas y a Leonardo para que terminen de conversar.

Les explico lo ocurrido con el abuelo Angelo. Que debemos viajar inmediatamente a Miami, por lo que nuestra Luna de Miel esta oficialmente suspendida, de igual manera nuestros planes para hoy y el resto de los días que quedan de crucero. Me excuso un momento con ellos para acercarme donde esta mi esposo, pero al levantarme observo que él ya viene en mi encuentro.

Leo me abraza fuertemente, se que esta muy preocupado, para que negarlo yo estoy igual. Me separo lo suficiente para darle un beso en sus labios y susurrarle Te amo. Él me besa la frente y me responde un Yo también. Aun con sus brazos rodeando mi cintura saluda a los esposos Owen.

El Capitán Meyers se acerca a saludar también a nuestros invitados y se despide para continuar con sus labores.

- Leo no te preocupes por tus pertenencias, puedo mandar alguien de mi entera confianza para hacer las maletas y hacértelas llegar. Yo mismo me encargo de los objetos de valor si así lo prefieres – nos anuncia antes de irse.

- Gracias Nic, voy a tomar tu palabra, únicamente me llevaré lo necesario – Leonardo le da un abrazo con una sola mano, pues con la otra esta aferrado a mi – Gracias por todo.

- No hay de que muchacho, No hay de que. – expresa Nicolas con pesar antes de irse.

James se encarga de acompañar a los oficiales hasta la puerta. Kate cautelosamente nos deja solos. Leo suspira frustrado, pasando las manos por su cabello. Se sienta en la cama, extiende su brazo para que lo acompañe. Sin dudarlo me acerco sentándome en su regazo, acaricio lentamente su cabeza. Así permanecemos en silencio unos minutos, sé que los necesita para asimilar la noticia.  

Me siento impotente, pues se que no hay nada que pueda decir para mejorar la situación. El Sr. Angelo es muy importante para Leonardo, ha sido su mayor influencia y su roca en todo momento.

- El abuelo no está bien, nena – rompe el silencio – los médicos dicen que hay que esperar, pero ciertamente no tienen muchas esperanzas de que despierte – confiesa con desolación

- La esperanza es lo último que se pierde Leo, no podemos darnos por vencidos, te aseguro que el nonno en este momento esta luchando – trato de animarlo, y para que negarlo animarme a mi misma – siempre ha sido muy fuerte, no creo que le guste enterarse que estas tan decaído – le tomo la cara con mis manos para darle un casto beso en los labio, hago el amago de levantarme y así prepararnos para partir, pero mi esposo me lo impide.

- Gracias por tus palabras Tati, tienes razón. No debemos perder la fe -  dicho esto me abraza fuertemente.

- Eh disculpen chicos – nos interrumpe Kate – si están de acuerdo James y yo podemos hacernos cargo de empacar sus cosas para entregárselas al capitán. No sé tú Tatiana pero lo que soy yo no me sentiría cómoda con alguien extraño hurgando en mi ropa interior – enseguida recibe un leve codazo de un muy serio Sr. Owen como reprimenda - ¿Qué? Es verdad, se que no somos las mejores amigas, pero al menos soy mujer – expone encogiéndose de hombros.

- Gracias Kate, si no es molestia la verdad prefiero que seas tu quien se ocupe de esto. Y con respecto a lo otro, yo diría que aun no somos las mejores amigas, aunque espero podamos llegar a serlo – es la verdad, a pesar de nuestro comienzo y que sea hermana de esa me cae muy bien, no puedo culparla por algo que ella no ha hecho; la familia no se escoge, los amigos si.

Seguimos charlando unos minutos mas, me doy cuenta que mi querido marido no se encuentra en la habitación, justo cuando voy a buscarlo lo veo salir del cuarto de baño cambiado y listo para emprender el viaje. Está muy guapo con pantalón y camiseta oscura, su chaqueta caqui le da un toque casual. Su mirada denota preocupación, pero sin dejar de verse sexi con su barba de dos días. Se que no es el momento pero juro que quiero comérmelo, de pies a cabeza. Como si leyera mis pensamientos me guiña un ojo y se ríe. Le lanzo un beso como respuesta.



Me dirijo al vestidor para cambiarme de ropa, pues con este minúsculo vestido dudo mucho que mi adorado marido me deje viajar, además de seguro iremos directo al hospital. Nada más de imaginar la cara de mi suegra al verme en estas fachas hace que me den ganas de quedarme así. Aunque ahora que lo pienso no se si me habrán empacado algo que no sea de playa, rebusco entre las prendas.

Frustrada me siento en el piso, respiro profundo pues se que debo ser fuerte por Leonardo, pero esta noticia me tiene mal, le he tomado mucho cariño al Nonno D’Lucca, tan sólo de imaginar que…mejor no voy a ese lugar, debo ser optimista – me regaño internamente-

- ¿Tati, estás bien? -  me sorprende Leo mientas estoy aun sentada en el suelo

- Si si…bien – respondo rápidamente, no quiero que se de cuenta que he llorado, así que intento levantarme, tarde pues ya tengo a un preocupado esposo sentado a mi lado

- Nena, cuantas veces debo decirte que mientes fatal – trata de aligerar el ambiente

- Es que no se que ponerme, no se si la Sra. White metió algo decente que ponerme para ir al hospital – intento descaradamente engañarlo

- Amor por mi puedes venirte así mismo como estas, no me importaría menos, pero se que no es eso lo que hizo que llores – dice mientras limpia unas osadas lagrimas que han escapado de mis ojos ¡Traidoras!

- Lo siento Leo, de verdad lamento mucho lo que esta pasando con el abuelo, ojala pudiera hacer algo para ayudarte, en vez de ponerme a llorar – confieso apenada

- Tati sólo necesito que estés a mi lado, tu eres mi fuerza, si te tengo a ti puedo contra todo – me reconforta – además se lo mucho que lo quieres, en él has visto la figura paterna y el abuelo que nunca tuviste a tu lado. Ese viejo te adora con su vida, así que lo mismo va contigo, ánimo nena

- Debería ser yo la que te de consuelo y no al contrario – es mas un reproche para mi – pero es que no asimilo aun la noticia, no entiendo que paso

- Nic no sabe mucho, al parecer el nonno tuvo una fuerte discusión y eso desencadeno todo esto. Ya al llegara alla conoceremos los detalles – se levanta y me lleva con el – ahora termina de arreglarte que ya estamos por llegara puerto. No te mortifiques por la ropa, si es necesario pasamos por el apartamento – dice leyendo mis pensamientos referente a que ponerme.

- De seguro encuentro algo aquí, así que no te preocupes por eso.

Sale del vestidor, a pesar de la calma que aparenta se que por dentro esta agonizando. Diosito que todo salga bien repito en mi mente una y otra vez, Por favor Virgencita intercede por el abuelo Angelo, no lo abandones pido una y otra vez.

Recojo algunos objetos personales los coloco en las cama mientras saco una de las maletas pequeñas para poder guardarlo. Mientras estoy alistando la ropa Kate regresa conmigo.

- Tomate esto Tati -  dice mientras me entrega una taza de un cremoso café con leche, que huele divino.



- Gracias! – me siento de nuevo en el suelo del vestidor para degustar mi deliciosa bebida

- ¿Cómo estas? – pregunta preocupada – Leonardo esta serio, tenso y muy nervioso, te juro que si sigue caminando de un lado a otro va a abrir que digo un hueco, una zanja en la sala de la habitación. Y tu te has puesto a arreglar las cosas, por favor alguno de los dos puede gritar, llorar, enojarse o algo – suspira frustrada

- No se como ayudar, ni que hacer o decir para que Leo se sienta mejor, porque aunque no lo aparenta, esto lo está matando por dentro – es mi sincera respuesta.

- Tatiana nada de lo que digas o hagas harán que el Sr. Angelo se recupere, solo deben rezar, no perder la fe y darse apoyo, estar allí el uno para el otro.

- Tienes razón, de nuevo Gracias por todo. Por estar pendiente y por ofrecerse a empacar todo este desastre – señalo el vestidor que de tanto rebuscar lo he dejado como la habitación de unas quinceañeras morochas.

- No hay de que mujer, hoy mismo nos encargamos de eso – toma la taza vacia de mis manos y se dispone a salir – termina de alistarte para que comas algo con tu esposo, no es buena idea se vayan con el estomago vacío, les viene un largo y difícil día.

Me levanto, tomo la ropa y me dirijo al baño a cambiarme. Me decidí por un jeans, una blusa blanca y zapatos de color coral, bueno tampoco es que hubiera mucho de donde escoger, o con que ponerme a escoger, así que ira bien. A la que no le guste…pues que no me vea. Hay cosas mas importe que atender y por las que preocuparse.




Al salir del tocador, veo que mi adorado esposo esta en el balcón, con la mirada perdida en el horizonte, nuestros amigos Owen están discretamente sentados en la sala, apoyándonos pero tratando de darnos espacio. Abro la puerta de vidrio que me separan del hombre que me quita el sueño. Me acerco para abrazarlo por la espalda. El parece no notarme o esta demasiado abstraído en sus pensamientos. Le doy un beso en el medio de su sexy espalda, mentalmente me castigo por mis pensamientos, Dios no es momento para eso me regaño a mi misma.


- Me da miedo que no podamos llegar a tiempo. Y si no tenemos un momento para despedirnos antes de…- no puede terminar su oración, pues a mi amado Sr. D’Lucca se le quiebra la voz, por la tensión en su cuerpo se que a pesar de todo su esfuerzo hay algunas lagrimas corriendo por su rostro.

- Podremos estar allí para ver y ayudarlo en su recuperación – me giro para quedar frente a mi triste esposo – ya veras como todo esto no será más que un mal recuerdo. No perdamos la fe amor, no la perdamos.

Después de darle un casto beso, nos fundimos en un calido abrazo, trato de darle con ello el valor y la fuerza que le proferí con mis palabras, aunque no si se sólo eran para él o para los dos. Trato de no romperme y ser fuerte, pero no estoy muy segura que las cosas salgan bien. Tan perceptivo siempre, como si le leyera mis pensamientos, Leonardo besa mi cabeza y me susurra una y otra vez Todo saldrá bien nena. Pero el tono de su voz me dice lo contrario.

Nos despedimos de los esposos Owen, con la promesa de reunirnos apenas regresen del crucero a Miami. Intercambiamos números de teléfono y dirección de e-mail, para de esa manera mantenernos en contacto.  Le damos las gracias a nuestro querido Capitán por todas tus atenciones para con nosotros durante nuestros días a bordo así como por la preparación de todo los preparativos para nuestro inadvertido regreso.

- No hay nada que agradecer, Leonardo tu eres como familia para mi, ahora también lo eres tu Tatiana – afirma Nicolas – es una lastima que su luna de miel se vea opacada por esta situación, pero estoy seguro que Angelo se repondrá muy pronto. Conociéndolo como lo hago no se perdonara haberles arruinado el viaje.

- Eso es lo de menos Nic, tenemos toda la vida para estar juntos, eso es lo importante -  sentencia Leonardo abrazándome y dándome un beso en la sien.

- Así mismo es muchacho, pero no tendrán que esperar tanto. Ya hice todos los arreglos para que cuando gusten tomen el crucero. Solamente deben avisar con un poco de antelación la fecha que deseen, para tener todo dispuesto – anuncia nuestro querido Capitan Meyers

- No es necesario de verdad, conozco las políticas de los cruceros…

- No quiero excusas Leonardo D´Lucca – lo interrumpe - se lo terco que puedes llegar a ser, pero en esto no hay nada mas que hablar, esta hecho.

- Muchas gracias Nic, por todo – le doy un sentido abrazo – esperamos tu visita cuando regreses a Miami. Tenemos una comida pendiente.

- Además se que al nonno le va a encantar verte – interviene mi esposo.

- Eso seguro muchacho.

Con la promesa de igual mantenerlo informado sobre la evolución de la salud de su amigo y los planes de un próximo encuentro, nos despedimos.

Al llegar al pequeño aeropuerto una avioneta privada nos espera en la pista para llevarnos de regreso a los Estados Unidos. A Pesar de ser pequeña la aeronave es agradable, unas cómodas butacas como las de primera clase, al fondo un sanitario, viaja con nosotros a demás del Capitán y su copiloto una azafata que nos brinda algo de beber y un aperitivo, el cual ambos rechazamos, en estos momentos nada me apetece. 



Leo le solicita a la amable señorita su bebida favorita, a pesar de que es muy temprano para beber se que el whisky es la única cosa que lo puede relajar en estos momentos. Yo opto por un café bien cargado.

El viaje se nos hace eterno, Leonardo no deja de moverse en su asiento, se que le pican los pies por caminar de un lado a otro, esto de esperar no se le da muy bien. El capitán nos informa que en menos de una hora estaremos aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Miami. Lo cual es una gran noticia, pues no se si son los nervios por todo pero no me siento nada bien, me levanto para ir al sanitario, quizás el refrescarme un poco la cara me ayude. Pero nada mas entrar en el cubículo mi cuerpo decide regresar el escaso alimento que he ingerido hoy. Saco el cepillo de dientes de mi cartera, me aseo un poco y me dirijo a mi asiento, decido no decirle nada a mi esposo para no preocuparlo.

- ¿Todo bien nena? – pregunta Leo en cuanto me siento

- Si amor todo bajo control – odio mentirle, pero no quiero  alarmarlo

- No te ves bien Tati, estas pálida – se levanta en el acto, se acerca a mi butaca, me toma en sus brazos y se sienta conmigo en su regazo

- Creo son los nervios, todo esto me tomo por sorpresa. Al regresar del baño me maree un poco es todo – le acaricio el cabello para que no note mi nerviosismo, si continua preguntando e insistiendo se dará cuenta que le estoy mintiendo.

A Leonardo parece no gustarle mucho mi respuesta, pues toma mi cara entre sus manos para examinarme detalladamente, clava en mí sus hermosos ojos, que hoy lucen atormentados por toda la situación. ¿Por qué demonios tengo que venir a enfermarme ahora yo?

Sin dejar de mirarme con sus pulgares acaricia mis mejillas. Me desarma complemente con ese gesto por lo que cierro los ojos pues no quiero que sepa que le estoy ocultando algo, es verdad lo que dicen “Los ojos son el espejo del alma” Leo me conoce demasiado y no tardara en saber la verdad, pero mientras pueda darle algo de paz en estos momentos de angustia, hare lo que sea necesario.

Me recuesto en su pecho sin levantar mis parpados, no se en que momento me quedo dormida en mi lugar favorito, los fuertes brazos de mi amado esposo que me brindan la seguridad que necesito. Siento unas caricias en mi espalda, a lo lejos un susurro que me trae de nuevo al presente.

- Nena, despierta debemos bajar – repite Leonardo una vez mas

Me despierto sobresaltada e intento de un brinco ponerme de pie, pero las tibias manos de mi marido me lo impiden. Abro los ojos mirando en todas direcciones, es cuando me doy cuenta que hemos aterrizado y que aun estoy en el regazo de un sonriente Sr. D’Lucca.

- Me alegro te sirva de entretenimiento – finjo estar molesta, pero si debo vestirme de payasa, ponerme peluca y hasta nariz roja sólo para que el hombre que me tiene en sus brazos me brinde la sonrisa que tiene en estos momentos en sus labios, pues pásenme el disfraz que me lo pongo ya.

- Eres preciosa hasta cuando aparentas estar enojada – me descubre Leo sin dejar de reír –

- !Eres imposible! – nuevamente intento levantarme haciéndome aun la que estoy molesta, pero mis risas me delatan – a todas estas ¿cuando aterrizamos? ¿Por qué todavía estamos así, y no cada uno es su lugar con el cinturón abrochado como dictan las normas de seguridad? – pregunto señalándonos

- Respondiendo por orden, llegamos a penas, y con respecto a lo segundo, estabas tan cómoda que tuve que pelear y de que manera con la azafata para que nos dejara descender contigo sentada en mi brazos. Únicamente tuve que reclinar el asiento a su posición original y ni eso lo notaste.

- Lo lamento, no sabia que estuviera tan cansada – confieso algo avergonzada.

- ¿Cómo te sientes? – consulta

- Mejor, gracias por velar mi sueño – digo mientras le doy un beso en su mejilla

- Siempre – es su respuesta – ahora si arriba antes que manden a la policía a sacarnos de acá.

Tomamos nuestra maleta, salimos a hacer el papeleo necesario, luego de unos veinte minutos ya estamos saliendo en busca de un taxi, pero para nuestra sorpresa afuera hay un chofer con un cartel en el que se lee Sres. D’Lucca. Nos acercamos a él, para saber si es a nosotros a quien espera, aunque no es un apellido usual aquí en Miami, tampoco es que seamos los unicos.

-Buenos días Sres. D’Lucca – dice el joven a penas nos llegamos a su lado – mi nombre es Robert Boavista, el Capitán Meyers me contrato para estar a sus servicios por el día de hoy y los que sean necesarios de acuerdo a sus necesidades

- Buenos días, mucho gusto Robert, soy Leonardo D’Lucca y ella mi esposa Tatiana – indica mi esposo dándole un apretón de manos – por los momentos vamos al Jackson Memorial Hospital ya lo demás lo veremos en el camino.

- Mucho gusto Sra. -  hace un gesto tocándose la gorra con la mano a modo de saludo al cual respondo con un Hola acompañado de una sonrisa  - ¿el resto de su equipaje? 

- Sólo esta pequeña maleta – señala mi esposo mientras se la entrega.

Sin mas el chofer se gira, empieza a caminar en dirección a una limusina Mercedes Benz que esta estacionada a unos cuantos metros, parece más bien un auto de lujo, gentilmente nos abre la puerta, Leo me ayuda a subir para luego él sentarse a mi lado. El joven guarda nuestro solitario equipaje en el maletero, acto seguido se sube delante del volante y emprendemos el viaje.



Durante todo el camino vamos tomados de la mano, de momentos Leonardo las levanta para acercarlas a sus labios y darme un beso en los nudillos. A medida que nos vamos acercando a nuestro destino puedo notar que el nerviosismo de ambos va en aumento. Me acerco mas a mi esposo, necesito sentirlo mas cerca, pero sobre todo hacerle sentir que no importa lo que pase estoy aquí con él, hoy y siempre.

El auto se detiene frente al hospital, a lo que Robert se apresura en abrirnos la puerta para poder bajar. Y se despide dándonos una tarjeta con su número de teléfono, e indicándonos que estacionara esperando indicaciones. Que nos preocupemos por nada, que si necesitamos que traiga comida o cualquier cosa esta allí para eso. Se va sin más.

El rostro de Leonardo esta tenso, al igual que el resto de su cuerpo, hasta podría jurar que desde esta mañana le ha salido alguna cana. Estamos tomados de la mano y aun nosotros estamos de pie sin poder movernos ni un centímetro. Decido ser quien dé el primer paso. Le proporciono un pequeño apretón para llamar su atención. El voltea a mirarme, y en sus ojos veo algo que jamás había notado el miedo.

- Ey estoy aquí contigo, juntos en las buenas y las malas. Siempre – le repito esa palabra que me dice constantemente para confortarme.

- Lo se nena, gracias – responde sin mucho animo

- Te Amo Leo, nunca lo olvides

- También te amo Tati, más que nada en el mundo

Como si estas palabras le dieran la fuerza necesita, camina con paso decido, su semblante cambia totalmente, de nuevo vuelve a ser el regio e imponente Sr. D’Lucca, el importante socio de una de las mayores y mas importantes oficinas contables del país. Ese hombre intenso, seguro de si mismo del que me enamoré perdidamente.

Llegamos al primer puesto de enfermeras para averiguar sobre el abuelo. Después de explicarles y demostrarles el parentesco, pues  de acuerdo a las políticas del hospital no dan información de los pacientes al menos que sean familiares directos. La resignada enfermera nos notifica que el Sr. Angelo esta en la unidad cuidados intensivos de Neurología, que se ubica en ala este, cuarto piso. Nos explica que las visitas están suspendidas por órdenes medicas, pero que los familiares normalmente se quedan en el área de espera del mismo piso.
Sin darme chance de siquiera agradecer a esta paciente mujer que soporto el mal humor de mi esposo, sus malas caras y gestos exasperados; nos dirigimos o mejor dicho Leonardo me arrastra hasta el lugar que nos indicaron hace un instante. Al menos puedo girarme y gesticular un Gracias y decirle adiós con la mano a esta amable señora, que solo ríe mientras niega con la cabeza. Supongo que debe tratar con todo tipo de personas exasperadas por saber de sus familiares internados aquí.

Al llegar al elevador que nos guiará hasta el  piso donde tienen al abuelo ya estoy jadeando, pareciera que hubiera corrido un maratón en vez de caminar a través de los largos pasillos de un hospital. Mientras que mi no muy simpático esposo está como si nada, definitivo debo hacer algo mas de ejercicio.

- No tenías que portarte tan cortante con la pobre enfermera Leo, sólo esta cumpliendo su trabajo – le reprocho apenas subimos al ascensor –

- Es que casi me pide el árbol genealógico de la familia D’Lucca – se excusa

- Exagerado, pidió identificación con foto, sólo eso – intenta decir algo pero se lo impido – entiendo que ya quieras llegar donde el nonno, pero no por eso debes ir atropellando a los demás. Y muchos menos arrastrar a tu esposa como un poseso por todo el lugar – bromeo para aligerar el ambiente

- Y el exagerado soy yo, definitivamente te hace falta ejercicio para lograr mas resistencia nena – anuncia como siempre leyendo mis pensamientos, ¿o lo dije en voz alta?

No puedo responderle pues las puertas se abren y de frente nos encontramos con un abatido Arturo D’Lucca, que se sorprende al vernos aquí.



- A ver  ustedes par de tortolitos ¿que se supone que hacen aquí? – pregunta con evidente curiosidad

- Papá de verdad pensaste que no vendríamos al saber el estado del abuelo – responde Leo dándole un fuerte apretón

- No debieron suspender su viaje, por eso no les avisé – alega mi suegro sin separarse de su hijo – ven también mi niña – dice mientras me une al abrazo de estos dos hombres que por sobre la ropa irradian tensión y preocupación.

- ¿Cómo estas Arturo?  ¿Qué novedades hay del abuelo? – cuestiono de inmediato

- Vengan vayamos a tomarnos algo y les doy los detalles – propone mi suegro – que feliz estoy de verlos – confiesa luego de unos segundos

Bajamos a la segunda planta donde hay una pequeña cafetería, ordenamos nuestra ronde de cafeína y nos sentamos. No sin antes discutir con mi esposo que insiste en que coma algo, pero la verdad aun mi estomago no se repone del todo. Por lo que un simple café con leche tendrá que servir.

 Arturo nos cuenta que hace dos días, el Nonno sufrió el infarto cerebral, no entienden que lo ocasionó, estaba en casa trabajando en el despacho, al parecer se sintió mal y fue Emily quien llamo a la ambulancia que lo trasladó hasta aquí. Mi suegro estaba en la oficina cuando recibió la noticia.

La salud del abuelo no está en su mejor momento, los médicos han hecho lo posible por mantenerlo estable, pero aun no ha reaccionado y no saben a ciencia cierta la magnitud de los daños. Según los estudios médicos pudiera presentar hemiparesia (perdida de fuerza en una pierna o en un brazo), afasia (dificultad para expresarse o entender lo que dicen), dificultad de caminar, perdida de equilibro o coordinación, entre otras cosas. Por eso es primordial que despierte cuanto antes.

- Lo que no logro entender es porque le ocurrió esto, si hay alguien que se cuida al máximo es el abuelo, come sano y hace ejercicios. Ni siquiera se enoja – alega preocupado Leonardo.

- Amor todos estamos propensos a eso, independientemente de lo mucho que nos cuidemos, a lo mejor una subida de tensión lo ocasiono, he leído que eso puede suceder como detonante para un ACV (Accidente cerebro vascular) – le indico.

- Ahora lo que importa que despierte y se recupere, ya luego sabremos que lo causo -  explica Arturo – además de regañar a tu madre, por que estoy seguro que ella fue quien les aviso de todo esto

- Papá eso no importa ahora, lo único que quiero es verlo. Crees que me puedas conseguir un pase para saludarlo, al menos unos minutos. – solicita mi preocupado esposo.

- De seguro algo podremos hacer – concluye mi suegro.

Seguimos conversando unos minutos más, antes de subir para pedir el permiso especial para que Leo pueda ver a su abuelo, se que aunque sea a hurtadillas o pagándole a alguien, pero este hombre de aquí no se mueve hasta que logre su cometido, si sabré yo lo tenaz que puede llegar a ser cuando se propone algo.

Llegamos al cuarto piso directo a hablar con el médico  encargado del caso, luego de las presentaciones Arturo le explico todo con lujos y detalles, cuando digo todo es que le contó al doctor que interrumpimos nuestra luna de miel para venir a estar con el abuelo. El medico después de una rato decide dejar pasar a Leo a ver al nonno pero únicamente unos diez minutos y que por favor no haga ni diga nada que lo pueda alterar.

Nos despedimos de Leonardo quien es escoltado por el doctor una enfermera hacia el área de cuidados intensivos, mientras que mi suegro y yo nos dirigimos a una pequeña sala. Una vez allí comienza el interrogatorio sobre nuestra corta travesía. Le cuento con detalle las cosas que hicimos, obviando unas que solo nos competen a mi esposo a mí, dudo mucho que Arturo quiera conocer esa faceta de su hijo.

Los diez minutos pasan volando y Leo está entrando al salón, se ve notoriamente afectado, no es fácil que una persona tan importante y querida para ti esté postrada en una cama, sin saber a ciencia cierta si despertará o bajo que condiciones lo hará.

Rápidamente me levanto para recibirlo, cuando de repente siento que toda la habitación da vueltas, todo se vuelve negro, lo último de lo que escucho al unísono es un “Nena, Tati” provenientes de mi esposo y suegro respectivamente.    
  




Como siempre agradecida con mi súper manito correctora, la segunda voz  en mi cabecita y mí gran apoyo Susana Mohel.

Así como a mis pacientes amigas lectoras, que supieron esperar a que mi mente pudiera estar a la altura de lo ustedes se merecen GRACIAS.

Nos vemos el próximo miércoles 16 de abril con el siguiente capitulo.




miércoles, 2 de abril de 2014

NUEVAS PUBLICACIONES

COMUNICADO!!!


Hola mis querid@s amig@s lector@s me complace comunicarles que apartir del proximo  9 de Abril continuaremos publicando la historia de Leonardo y Tatiana, en su mismo horario los dias miercoles.

Gracias por su comprension, apoyo y sobre todo la paciencia pro esta larga espera a las que me vi obligada a someterl@s. 

Los espero la otra semana para seguir disfrutando esta historia que apenas comienza.

Besos y un fuerte abrazo...



miércoles, 19 de febrero de 2014

COMUNICADO!!!!!!



Amig@s y querid@s lector@s hoy miércoles 19 de febrero corresponde subir el capitulo XI de la historia de Leonardo Tatiana. Me apena informarles que no podre hacerlo. ¿Las razones? Muchos sabrán la situación que estamos viviendo en Venezuela; no he tenido ni el animo, ni las ganas y mucho menos la inspiración para terminar el capitulo. Me tomo muy en serio el blog no quiero publicar algo que no sea digno de ustedes, es lo menos que se merecen por apoyarme y estar allí para mi...


Prometo sacar las fuerzas y si soy sinceras las ganas para terminarlo, puesto que en este momento solo pienso en mi país, en mi amada Venezuela. 


Agradezco la comprensión y espero seguir contando con su apoyo, se que hay lectores de muchas partes que tienen un corazón noble y se han solidarizado con nosotros. GRACIAS!!!


A tod@s les envío un fuerte abrazo....


Besos :)

  

miércoles, 12 de febrero de 2014

Capitulo X


                                                      
Una chica totalmente diferente…

Estoy un poco ansiosa, no sé que nos espera el día de hoy, aunque anoche me pareció buena idea, hoy no estoy muy  segura de ello. Me levanto muy temprano, preparo la bañera, me sumerjo en ella a ver si el agua tibia lava mis dudas y relaja mis nervios. Estoy con los ojos cerrados, perdida en mis pensamientos, cuando siento unas manos que tiernamente masajean mis hombros. No abro los ojos sólo suspiro en agradecimiento.

- Buenos días nena.

- Hola amor.

- Extrañe tenerte en mis brazos cuando desperté – dice Leo muy pegado a mi oído

- No podía dormir, como era muy temprano me levante, no quise despertarte – me excuso

- ¿Tu intranquilidad tiene algo que ver con los planes de hoy? – Sólo asiento – no tienes porque, como te lo mencione anoche, Kate es diferente…dale una oportunidad, si te sientes incomoda en algún momento del día, podemos excusarnos de alguna manera y volver, o simplemente decir que queremos tiempo a solas, lo entenderán.

 - Lo sé, es que…no puedo evitarlo – dudo si mencionarlo, al final lo hago – es su hermana Leo, entiendes porque me encuentro en esta disyuntiva.

 - Lo comprendo Tati, te lo repito, no quiero que nada te moleste así que mejor rehagamos los planes.

Estoy tentada a tomarle la palabra, hacer otra cosa. Pero por otro lado no puedo dejar de sentir cierta curiosidad por conocer mas a esta chica, desde que la vi por primera vez sentí un tipo de conexión. Sus ojos me brindan confianza, por otro lado debo dejar de lado mis temores y tanta incertidumbre…por lo que tomo una decisión.

- No te preocupes corazón, ven y báñate conmigo – me arrimo hacia delante para hacerle un espacio en la tina – que hoy tenemos una jornada prometedora por delante – me giro para besarlo y así comenzar este bello día de la mejor manera, en los brazos de mi esposo.

Nos vestimos entre juegos y arrumacos. Me decido por un fresco vestido coral, sujetado al cuello, de esta manera puedo usar mi traje de baño por debajo del mismo. Mi guapo marido se ve espectacular, adoro cuando luce ropa casual, se le ve relajado y sin preocupaciones en su franela blanca, pantalón caqui completando su atuendo con una gorra negra.




Salimos tomados de la mano en dirección al comedor, para tomar el desayuno con nuestros nuevos compañeros. Llegamos al salón y enseguida escuchamos nuestros nombres de boca de Kate que nos señala con la mano que nos acerquemos. 

Al llegar a la mesa donde se encuentran, rápidamente se levantan para darnos la bienvenida. James saluda a Leonardo con un apretón de mano pero mi sorpresa es que cuando Kate me da un beso y un pequeño abrazo. Creo que nota mi asombro porque sonríe y se encoge de hombros, acto seguido saluda de la misma manera a mi esposo.

Nos sentamos, comenzamos una amena charla, en primer momento sobre lo que comeremos, para luego hacer ciertos planes para el día paseando por las Islas Vírgenes. Desayunamos en un ambiente cada vez mas cómodo, entiendo lo que me dijo Leo, esta chica es súper sencilla, natural. No hay mas que ver su manera de vestir, habla mucho de su personalidad libre, espontánea. Lleva un short de jeans, una franela de rayas blancas y rojas. James por su parte va con pantalones cortos y camiseta.

    


Terminamos de comer, salimos dispuestos pasarla bien. Recorremos algunas tiendas, para luego pasar el día en la playa. En el camino Leonardo y James se detienen en una tienda deportiva. Nosotras decidimos acercarnos a un pequeño local que se encuentra a unos pocos metros para buscar unas bebidas que refresquen el calor que esta haciendo.

Al llegar al lugar vamos directamente a una mesa que se encuentra de costado, donde tenemos una hermosa vista, ya que estamos cerca del puerto, podemos ver el mar y la playa. Una chica se aproxima para tomar nuestros pedidos, como es temprano decido tomar una naranjada, con mucho hielo, a lo que Kate se suma, alegando que ya instalados en la playa podríamos beber algo un poco mas fuerte, con  fuerte se refiere algo con alcohol. La mesera se retira a buscar nuestras bebidas, dejándonos en un incomodo silencio, ninguna de las dos sabe que decir, así pasamos unos minutos hasta que ella decide romperlo.

- Me imagino que conoces a mi hermana – pregunta cautelosa

- Si – digo con un gran suspiro

- Lo lamento.

- ¿Y eso por qué? – pregunto intrigada por su disculpa

- Sé como es Kathleen y lo posesiva que puede llegara a ser cuando…- puedo ver por su gesto que esta buscando la manera mas dulce de decir sus siguientes palabras – cuando se encapricha con algo…o alguien.

 - La verdad conozco esa faceta de ella, si te soy sincera no me agrada en lo mas mínimo.

 - Puedo decirte que a mi tampoco.

Las dos reímos por el comentario, la pared de hielo que se había instalado entre las dos está empezando a derretirse. Llegan nuestros jugos y continuamos conversando. Ella me cuenta un poco de su vida desde que se fue de su casa, y porque tomo esa decisión.

Resulta que se enamoró de su esposo hace una década cuando lo conoció, dice que fue para ambos amor a primera vista, cuando apenas tenía veinte anos. A su familia no le hizo mucha gracia, pues en aquel entonces James era un simple estudiante de cocina que soñaba en convertirse en Chef, abrir restaurantes alrededor del mundo. No tenía dinero, y ya por eso no era bien visto en la sociedad en que normalmente sus padres se desenvuelven, le prohibieron que saliera con él, pero ella hizo caso omiso.
Mantuvo en secreto su relación por casi dos años, hasta que su hermana los descubrió, pese a sus ruegos y súplicas, los delató con sus padres. Al día siguiente se fue de su casa. A los meses se casó con Jamie, como cariñosamente le llama. Por eso están haciendo el crucero, celebrando su octavo aniversario.

- Pues felicidades entonces – le digo levantando el jugo, chocando los vasos

- ¡Gracias! Somos muy felices, no me arrepiento de nada…- expresa, aunque no se si lo hace para mi, o para ella misma.

Enseguida regresan los chicos riendo, conversando, pero sin bolsa alguna que confirme sus compras.

- Todo este rato y salen sin nada. Luego somos nosotras las mujeres las indecisas – bromeo -

- Ustedes no sólo son indecisas – Leo se acerca y me da un pequeño beso - tardan una eternidad en cualquier tienda,  al final salen con las manos vacías – levanto una ceja sarcásticamente, e indico sus manos vacías – a diferencia de nosotros que somos mas inteligentes y prácticos – manifiesta con una sonrisa socarrona

- ¿Según tú por qué son mas inteligentes? - contraataco

- Pues esposa mía, por la sencilla razón que todo lo que compramos va bien empaquetado rumbo a nuestros respectivos camarotes. Aquí estamos nosotros disfrutando, relajados y con las manos libres apara ocuparlas en otras cosas – responde coquetamente.

Me abraza puesto que me he puesto roja cual tomate, le doy un manotón. Al final todos reímos. James llama a la chica para que los atienda. Piden dos cervezas. A ellos les vale que sea temprano para beber licor.

Terminamos las bebidas y nos encaminamos a la playa, ya es poco más de mediodía. Así que iremos directo a un restaurante que le recomendaron al Sr. Owen. Resulta que James se convirtió en un famoso Chef que cuenta con hasta el momento cinco restaurantes en diferentes ciudades. Dentro de un mes aproximadamente abrirá la tercera sucursal en la ciudad de Miami. Por lo que estarán allí una temporada, puedo observar que Katherine no esta muy a gusto con la idea, supongo que su familia viva en el mismo código postal no le causa mucha emoción.

Puedo decir que la entiendo, y más cuando nos cuenta que desde que se fue no ha vuelto a tener contacto con ninguno de ellos, su abuela paterna trató de convencerla de regresar, para resolver las cosas conversando como adultos. A las semanas falleció, ella hizo lo que le había pedido; pero no sirvió de nada, la despreciaron por preferir a un “estudiante pobretón” como lo catalogo Kathleen antes que a su familia. Nadie quiso escucharla, así que después de despedirse de abuela, se largó sin mirar atrás.

¡Vaya! La verdad cuando supe quien era Kate nunca habría imaginado lo que tuvo que pasar de mano de su propia familia, ellos que debieron estar a su lado y apoyarla, sólo lo hicieron más difícil. No se podía esperar menos de su hermana, la verdad que esa mujer es arrogante a mas no poder, no se toca el corazón ni porque sea su propia sangre. Lo que te espera Tati…

Llegamos al mencionado lugar, es hermoso. Cuenta con unas mesas con vista al mar, todo es muy colorido, con toques marinos. James se acerca a la barra, conversa con uno de los jóvenes, el cual hace un movimiento con su cabeza, se dirige al fondo del local. En no menos de cinco minutos sale un hombre vestido de blanco completamente, con un pequeño gorro y secándose las manos con un paño, camina directamente en nuestra dirección. Saluda a James con un fuerte apretón de mano. Es el dueño y chef del local, se llama Peter Sullivan. Se presenta con todos, nos da la bienvenida, nos lleva a un reservado. Apenas estamos sentados se acerca el mismo chico del bar con una bandeja llena de bebidas.

- ¡Brindemos por el comienzo de una bonita amistad! – propone James levantando su vaso -

- ¡Salud! – respondemos al unísono.

- Tienen que venir a la inauguración del restaurante, al llegar al barco busco los detalles para dárselos. ¡No pueden faltar! – dice Katherine

- Nos encantaría, danos la fecha del evento, si no tenemos otro compromiso asistiremos – responde Leo, y se que lo hace para no comprometernos sin antes conversarlo en privado. Estas aprendiendo Sr. D’Lucca.

- No se preocupen, allí estaremos, así tengamos que cambiar nuestros planes - le guiño un ojo a mi esposo - ¡Cuenten con nosotros!

- ¡Perfecto! – expresa nuestro nuevo amigo el Sr. Owen.

Continuamos conversando, decidiendo que vamos a almorzar. El camarero se acerca a tomar nuestras ordenes, rápidamente se acerca el Sr. Peter ofreciendo encargarse de la selección, quiere deleitarnos con algo especial. James nos ve como preguntando si estamos de acuerdo. Kate dice si sin dudarlo, Leonardo me pregunta, dudo por un momento pero al final acepto. Que tan malo puede ser. Los dos chef se dirigen a la cocina, pues como buenos apasionados de la comida, quieren intercambiar opiniones. Kate se disculpa para ir al sanitario, ofrezco acompañarla, pero se niega.

- No te preocupes Tatiana, ya vuelvo. Además no puedes dejar solo a tu esposito – se va guiñándome un ojo en complicidad e indicándome un grupo de mujeres que están mirando en nuestra dirección. ¡Esta chica en definitiva me cae muy bien!

- Parece estarla pasando muy bien Sra. D’Lucca -

- A tu lado siempre estoy a gusto y me divierto – respondo con sinceridad

- Me alegra escuchar eso, pero sabes a lo que me refiero nena.

- Usted tenía razón Sr. D’Lucca, Kate es una persona divertida. Y James es encantador, se ve que se aman. Es una lástima que tuvieran que pasar por todo eso con la familia de ella – me quejo

- Estoy de acuerdo contigo amor, pero todo eso valió la pena. Míralos son felices a pesar de todos – toma mi mano para depositar un pequeño beso – y si les preguntas, de seguro no les importará pasar todo eso por estar juntos.

- Eso no puedes afirmarlo Leo, no lo sabes, se ve que no es fácil para ella volver a Miami, se nota en su mirada cuando mencionan la ciudad.

- Se porque lo digo princesa – afirma muy seguro de sus palabras

Me lo quedo mirando, con una expresión que dice habla de una vez y cuéntame lo que sabes Leonardo. Él se ríe y niega con la cabeza. Pero dejo mi mirada fija en su rostro, a ver si de esa manera me cuenta. Soy curiosa ¿qué puedo decir?

- Tu ganas nena – me da un beso en los labios – mientras hicimos las compras James me contó lo difícil que fueron las cosas en un principio. Pero que desde que conoció a Katherine se enamoró de ella, cuando todo explotó con su familia no lo pensó dos veces para casarse. Trabajó como loco, para demostrarle a ella, no a la familia, que no se arrepentiría de haberlo elegido y aceptado. Le costó llegar a donde esta ahora, pero valió la pena cada sacrificio.

 - Me alegro que así haya sido, a pesar del tiempo que llevan juntos y todo lo que han pasado se nota el amor que se tienen – asevero – pero va a ser difícil volver al lugar donde está su familia, quienes le dieron la espalda.

- Si nena, James me comento que lo hablaron. Incluso él le ofreció quedarse en Italia, donde han estado viviendo los últimos meses. Que podían viajar constantemente para verse. Pero ella no aceptó su propuesta, dijo que ya ha huido lo suficiente.

- Es muy valiente – expreso.

Me quedo pensando por un momento que lo que Kathleen me ha hecho no se compara en lo mas mínimo con lo que le hizo padecer a su hermana, al fin y al cabo sólo soy una mujer que se interpuso entre ella y el hombre que quiere…mejor dicho el hombre que desea, porque si de algo estoy segura, es que eso no es amor. Por lo que de ahora en adelante no pienso darle el gusto a esa mujer, lucharé con uñas y dientes por defender lo nuestro de ella y de quien pretenda separarnos. Sonrío ante esta afirmación mientras bebo un sorbo de mi bebida.

- ¿Qué estas tramando Tati? – Pregunta mi amado esposo con su singular gesto de preocupación – estas sumida en tus pensamientos, con la sonrisa que tiene el gato que se comió al ratón. Me empiezas a asustar

- Jaja, sólo estoy disfrutando la jornada – me defiendo – y de ésta rica bebida – levanto mi vaso y bebo otro poco.

Nuestros acompañantes regresan a la mesa, por lo que nuestra conversación termina, al menos por ahora, porque Leo me mira y niega con la cabeza. Me acerco a él para darle un pequeño beso. Me toma del brazo para que no me separe

- Esto no ha terminado nena – susurra en mi oído para luego morderme el lóbulo, lo que enseguida me hace estremecer.

Almorzamos en un ambiente lleno de risas, anécdotas de nuestra adolescencia, planes a futuro y algunas otras cosas. Al terminar hubo una pequeña discusión entre James y Leonardo sobre quien pagaría la comida. Kate y yo solamente nos reíamos porque conociéndolos de aquí no saldríamos en un buen rato. Lo mejor de todo fue ver acercarse al Sr. Sullivan para informarnos que todo lo que consumimos corre por cuenta de la casa. La carcajada que soltamos tanto Katherine como yo al verle la cara a nuestros respectivos esposos debe haberse escuchado hasta el barco. No podíamos parar de reír. Peter nos miraba sin entender que pasaba así que decidí sacarlo de su duda.

- Estos dos – expongo mientras señalo a unos muy serios Sres. D’Lucca y Owen – estaban en plena discusión de quien debía pagar y porque, hasta que llegaste y la concluiste de la mejor manera – explico para seguir riendo

- De haberlo sabido, hubiera tardado un poco mas en venir – dice Peter uniéndose a nuestra risa, bajo la seria mirada de Leonardo Y James.

Salimos del local, vamos directo a uno de los lugares que ofrecen servicio a orilla de la playa. Leo habla con uno de los encargados para solicitarles que nos acomoden cuatro sillas reclinables con sombrillas. Además que como parte del paquete del crucero, nos traen unas hermosas toallas súper suaves, así como las primeras bebidas gratis.

Decido usar mi cámara para tomar algunas fotos como recuerdo, casi no lo he hecho, sólo unas que nos tomaron en la cena de bienvenida, otras que saqué en la habitación. El paisaje es sumamente hermoso, así que empiezo por allí, me levanto con aparato en mano dispuesta a plasmar la naturaleza que tenemos alrededor, cuando siento que unas manos conocidas se aferran a mi cintura.



- ¿A dónde crees que vas? – pregunta Leonardo con esa voz ronquita que hace que me derrita en segundos.

Incapaz de responderle pues las palabras no encuentran su camino a mi boca únicamente atino a levantar la cámara agitándola delante de nosotros como respuesta. Siento su respiración en mi cuello, cierro los ojos para disfrutar las sensaciones del momento. Lentamente mi querido esposo, con una de sus manos me quita el artefacto de las manos, mientras que con la otra me mantiene pegada a su cuerpo.

- En estos momentos en lo único en lo que pienso es irnos de regreso al barco – me sorprendo al escuchar mis palabras pues no tenia intenciones de decirlas en voz alta

- Y yo, muero por hacerte el amor de mil maneras diferentes. Desde que te pusiste este diminuto traje de baño temprano, sólo pienso en arrancártelo, hacerte mía – dice y me gira para estar de frente.

No lo pienso dos veces, lo beso. En realidad lo devoro, mis labios recorren los suyos como si estuvieran desesperados, mi lengua los acaricia mientras que la suya sale al encuentro, para recorrer mi boca con frenesí. Me sujeto de su cuello para acercarlo aun más a mí. Me aferra a su lado, puedo sentir como su deseo va creciendo debajo de su cintura. Pronto me doy cuenta del lugar donde estamos, por lo que separo ligeramente mis labios de los suyos, pero sin alejar nuestros cuerpos jadeantes. Nuestras miradas se encuentran, ambas llenas de deseo, pasión, lujuria.

- Te amo tanto nena, tanto – dice Leo aun con la respiración entrecortada.

- Yo también te amo nene

Así nos quedamos unos minutos…o segundos ¡la verdad no lo sé! A su lado pierdo la noción del tiempo y del espacio. Todo lo demás desaparece, sólo estamos nosotros y este sentimiento que cada día crece más.

- Quiero tomarte unas – pide Leonardo levantando la cámara que ahora esta en sus manos.

- Solamente si luego dejas que yo te tome unas a ti – le propongo.




Suspira, afirma con la cabeza. Así que nos soltamos para poder hacer las fotografías. Sacamos unas del paisaje, la playa, la gente, los locales al fondo, de nuestros amigos que no dudaron en posar. Les hicimos unas abrazados, sonriendo, con caras tristes, sacando la lengua, ella en su regazo, y en cualquier postura que se les ocurre, son un  par de locos, tal para cual. Por supuesto mi esposo me tomo cualquier cantidad a mi, de pie, sentada, de espalda, acostada…aunque debo admitir que también aprovecho y lo capturo de muchas maneras.




- Bien ahora ustedes dos, yo me ocupo de hacerles unas juntos – dice Kate mientras quita el aparato de mis manos y se dispone a fotografiarnos.

Le solicitamos al encargado de atendernos nos tome algunas a los cuatro. Por increíble que parezca, también pido me tomen una donde sólo salimos Kate y yo.

Regresamos al barco, súper cansados. No paramos en todo el día. Tiendas, bebidas, playa. La verdad la pasamos genial, por lo que hicimos planes para el día siguiente. Esta noche dudo nos veamos, por lo que quedamos en desayunar juntos de nuevo antes de salir. Pero esta vez en al suite de los esposos Owen. Nos despedimos, ya de camino a nuestro camarote en el ascensor, me apoyo en el pecho de mi esposo. Él no tarda en llevarme en brazos hasta depositarme nuestra cama. Se acerca al vestidor para tomar una de mis pijamas. Cuando regresa se detiene abruptamente mientras que su mirada se torna lujuriosa al verme completamente desnuda, sentada en el borde de la cama.

- Estoy cansada, pero no lo suficiente como para que no termines lo que iniciaste en la playa – dijo mientras camino en su dirección – además hay unas cosas que me prometiste y que debes cumplir.

Sin decir mas, suelta lo que lleva en la mano, camina en mi encuentro mientras se va quitando la ropa. Me toma de la cintura, haciendo que enrosque mis piernas a su alrededor. Cuando nos acercamos a la cama, me lanza juguetonamente en ella. Se posa sobre mí, llevando mis manos encima de cabeza, sujetándome con una mano. Con la otra roza sutilmente mi cuerpo. Sus labios recorren el camino de piel que sus mimos encendieron.

Esa noche voy al cielo y de regreso. De la única manera posible, en lo brazos y bajo las expertas caricias que mi amado Sr. D’Lucca profesa por todo mi cuerpo, hasta fundirnos en uno solo.

El sexto día del crucero lo pasamos en St. Johns. Desayunamos en el camarote de nuestros amigos, pasamos un rato agradable, para disfrutar el resto de la jornada haciendo distintas actividades, queremos aprovechar al máximo. Disfrutamos de la magnifica historia colonial de Antigua. Un recorrido histórico y paisajístico en el que la Isla nos brinda la oportunidad de ser testigos de la arquitectura colonial interesante, unas vistas impresionantes y vibrante elegancia de estilo caribeño.

Luego tomamos el autobús desde el muelle hasta Fort James Beach, donde nos dan una pequeña charla y nos asignan caballos para dar un paseo a lo largo de las hermosas playas, a pesar de las constantes quejas de Leonardo y James, que se opusieron a más no poder, no por el excursión como tal, sino del viaje en bus.

Finalizamos el día haciendo un poco de Kayak, esta vez a pesar de las protestas de Kate y mías, nos da algo de temor. Al final terminamos cediendo. El viaje de treinta minutos en un coche con vistas panorámicas desde el puerto, hasta el lugar donde nos espera una lancha para llevarnos a una laguna escondida. Allí nos dan las instrucciones, para emprender el sendero en kayak a través de de un callejón de manglares entre pequeñas islas, siempre con nuestros guías presentes. Volvemos a abordar una lancha unos veinte minutos hasta la Isla Gran Pájaro. Donde una senda nos conduce hasta la cima para ver aves nativas y un asombroso paisaje de playa. Al descender exploramos un poco, para luego refrescarnos en las aguas poco profundas y cristalinas.

Nos acercamos a un arrecife de coral, donde bajo el cuidado de los expertos hacemos un poco de snorkeling. Para regresar a una hermosa casa residencial, donde los anfitriones nos invitan a relajarnos en uno hermosos jardines disfrutando unos ricos bocadillos y distintos ponches.

Cansados hasta no poder mover ni un solo músculo, retornamos al barco, pues debemos reponer algo de energía para asistir a la cena con nuestro anfitrión el Cap. Meyers. A penas ponemos un pie dentro del camarote, voy corriendo para lanzarme en la cama, dejando detrás a  Leo riendo por mi actitud infantil.

- Estoy demasiado agotada, me duele hasta respirar – me quejo

- La verdad yo también estoy molido – siento como se hunde la cama bajo su peso, me retira el cabello de la cara para poder verme – ¿Estás disfrutando la luna de miel nena?

No necesito abrir los ojos para darme cuenta de la preocupación que refleja Leo en su pregunta, por lo que reúno las últimas gotas de fuerza que me quedan para voltearme y levantarme apoyándome en mis codos.

- No podría estar más contenta aunque me lo propusiera – contesto sinceramente – durante el día me consientes en todo, conocemos hermosos lugares, nos involucramos en actividades que jamás creí seria capaz, conocemos gente maravillosa – me levanto para sentarme a horcajadas sobre él – y por las noches me complaces hasta hacerme la mujer mas feliz del universo, siento que estoy en el paraíso.

Me acerco a sus labios para darle un beso suave, demostrándole que no debe preocuparse por nada. Me corresponde de la misma manera, pausado, sin segundas intensiones, únicamente para sentirnos. Aun encima de el se arrastra hasta que estamos acostados, él en la cama y yo sobre su pecho, así sin mas nos quedamos dormidos.

Me despierto, estiro mi mano buscando su calor, pero no esta a mi lado. Sin moverme si quiera, con la voz ronca por el sueño lo llamo

- Leonardo Arturo ¿En dónde estas? – Grito – ¡ven aquí por favor!

Escucho antes de verlo como viene corriendo hasta llegar a mi lado.

- ¿Tatiana estás bien? – Pregunta alarmado - ¿nena qué pasa? – repite cuando no encuentra respuesta de mi parte.

- Nada – digo – desperté, no estabas a mi lado, no tengo la fuerza suficiente para levantarme, así que me pregunté que rápido vendrías si te llamaba – escucho como suspira frustrado, abro lentamente un ojo para observar que no esta muy contento con mi manera de hacerlo venir a mi – además te extraño, quiero que estés aquí a mi lado – expongo velozmente.

En un fluido movimiento Leo está sobre mí, cada parte de su cuerpo toca el mío, me siento abrazada por él.

- Eres una manipuladora nena, te voy a hacer pagar el susto que me has dado, casi me mato corriendo hasta acá para descubrir que mi querida esposa sólo esta jugando conmigo.

Debo admitir que pague gustosa mi deuda, tanto en la cama como en la ducha. Estoy ansiosa por adquirir una nuevamente, si es así como tengo que saldar.

Después del acalorado baño, nos vestimos para bajar al comedor. Donde nos esperan para cenar. Vamos en el ascensor rememorando las aventuras de nuestra jornada de hoy, tomados de la mano. Soy inmensamente feliz.

Cenamos rodeados de personas muy gratas, a las que nuestro anfitrión nos presenta, refiriéndose a nosotros como personas muy importantes para él, gesto que acrecemos de corazón, en los poco días le he tomado mucho cariño a Nic. Se parece mucho al abuelo D’Lucca, entiendo porque son tan amigos. Danzamos un poco al ritmo de una hermosa balada, cuando siento que me tocan el hombro. Son Kate y James. Continuamos abrazados hasta que colocan música mas movida y hacemos cambio de parejas. Estamos entretenidos bailando, cantando, riendo. Ni cuenta nos damos que ya es pasada la media noche. Y si queremos levantarnos mañana, lo mejor es que vayamos a descansar. Quedamos nuevamente de acuerdo para vernos al día siguiente y desayunar esta vez en nuestro cuarto.

Llegamos al camarote, nos cambiamos de ropa, me quito el maquillaje, nos lavamos los dientes. Tan pronto nos acostamos caemos rendidos en un relajante sueño. Dormimos de un tiro toda la noche, creo que ni siquiera cambio de posición. Al ver el reloj salto alarmada de la cama, faltan quince para las siete, que es la hora que quedamos para desayunar.

Mi esposo se sienta en la cama a observar muerto de risa como corro hacia el baño.

- Date prisa Leo, ya van a llegar – le grito metiéndome en la ducha
- Nena relájate, en menos de cinco minutos estoy listo, no tengo porque correr cual maratonista.

Claro, él simplemente tiene que vestirse y ya, no necesita mucho esfuerzo para verse espectacular. Así es con la mayoría de los hombres, en cambio nosotras, aunque no sea una gran pinta siempre tendemos a tardarnos, bien sea seleccionando que ponernos, luego con que accesorios, zapatos, carteras…un sin fin de cosas. Que complicado es ser mujer.

Salgo de la regadera, tomo una toalla, camino directo al vestidor para escoger mi atuendo. Mientras Leo está aseándose, veo que ya ha sacado su ropa, la misma esta sobre la cama. En tiempo record estamos listos, o mejor dicho estoy lista puntualmente a las siete, pues mi sobrado esposo esta tranquilo tomando un café y mirando las noticias en la TV. Escuchamos que tocan la puerta, Leo me hace señas que el se encarga.

Me sorprendo al llegar al salón, pues no son las personas a quienes estamos esperando, y por la cara que tienen puedo decir que no traen buenas noticias…




Gracias a mi manito correctora….Susana Mohel